Hace quince años, Vinicio Poblete Vilches ingresaba de urgencia al Hospital Sótero del Río. Sus complicaciones respiratorias eras severas y necesitaba ser atendido. Sus heridas abiertas -que aún botaban infecciones-, eran una clara advertencia de que se trataba de algo serio. Sin embargo, fue dado de alta.

En dos días, Vinicio debió ser reingresado al hospital.  El 7 de febrero de 2001, murió.

Los familiares recibieron seis respuestas distintas cuando, legítimamente, preguntaron por las causas de la muerte.

Ante la pasividad de los tribunales ordinarios; ante la tragedia de sentirse ignorados y luego de vivir un largo calvario, la familia de Vinicio terminó por sentar en el banquillo de los acusados a la salud chilena en una Corte Internacional.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos hizo tres recomendaciones al Estado chileno para saldar la deuda con la familia de Vinicio. Se le dio dos meses de plazo para cumplirlas, pero la Cancillería no dio respuestas satisfactorias. El caso, finalmente, ha sido derivado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La valentía y el arrojo de la familia de Vinicio Poblete, ha hecho posible que quede de manifiesto el desamparo en el que se encuentra la salud de nuestro país.

Un agregado más, a los constantes colapsos a los que, por ejemplo, está sometido el Hospital San José, cuya crisis profunda y enmarcada en una gestión deficiente, ha pretendido ser suavizada y resuelta con soluciones momentáneas, soslayando de paso, la gigantesca brecha que ha generado el quiebre entre las autoridades y los funcionarios del recinto, cuyo trabajo en conjunto es fundamental para atisbar algún avance.

Un agregado más a la incompleta y lenta reacción del Estado chileno en el amparo que merece recibir la población ante las enfermedades de alto costo, cuya medicación sobrepasa cualquier límite lógico, producto de un mercado -como el farmacéutico- lleno de irregularidades, falta de transparencia, competitividad y regulación, como develó el informe que emitió la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados sobre esta temática hace algunas semanas.

Un agregado más, al complejo momento que vive la salud chilena, a partir del reconocimiento de una deuda hospitalaria astronómica cercana a los 230 mil millones de pesos, que ni siquiera ha logrado revertirse con las inyecciones monetarias gigantescas que ha ejecutado el Ministerio de Hacienda.

Un agregado más a la escandalosamente baja ejecución presupuestaria de la infraestructura proyectada para el área de la salud este año, que apenas está en un 27%, que pone en riesgo la promesa presidencial de contar con veinte nuevos hospitales y otros tantos en construcción para 2018, y que habla, nuevamente, de una grave crisis de gestión en el sector.

Un agregado más a las largas listas de espera. A los pacientes internados y atendidos en pasillos. A la falta de especialistas y tantas cosas más.

La lucha de la familia de Vinicio Poblete Vilches es por la dignidad de los chilenos, que tiemblan cada vez que se enferman. Es una campanada de alerta respecto de un tema esencial para nuestros compatriotas, y que hacen ver todas las encuestas de opinión.

La salud chilena está en el banquillo de los acusados.  En buena hora.

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