Chile está cada día más violento, de eso no hay duda. Es cosa de ver los noticiarios en las noches para ver cosas que a todos nos dejan helados. Violencia en las protestas, violencia en las micros, violencia en el Metro, violencia en los asaltos, violencia contra quien piensa distinto, violencia contra quien se ve diferente.

La ficción está superando a la realidad. Casos como los de Daniel Zamudio, hace unos años, y ahora el de Nabila Riffo, mujer torturada al nivel de que su victimario le mutiló los ojos, son algunas de las situaciones que nos hacen ver que la violencia no tiene límites.

Pero existe algo más peligroso que la violencia, es la falta de asombro frente a ésta. Cómo nos ponemos nosotros y qué hacemos frente a noticias como la de Andrea Ibáñez Rebolledo, brutalmente agredida con piedras que la desfiguraron, todo mientras unos hombres intentaban abusar sexualmente de ella. Más peligroso que esos hechos es que llegue el día que nos enteremos de eso y lo veámos como una noticia más, como un hecho propio de nuestro panorama.

Situaciones como éstas no nos pueden dejar de conmocionar y asombrar. Tampoco nos puede dejar de asombrar que un trabajador de 70 años, un sábado 21 de mayo haya perdido su vida en manos de cobardes encapuchados que quemaron el edificio donde él trabajaba. Más peligroso que la violencia, repito, es que no nos asombremos con lo sucedido con Eduardo Lara.

Pero la violencia no está sólo en situaciones límite como éstas. Está también en la discriminación, en los malos tratos, en los abusos de los grandes hacia los chicos, en la gente que tiene que viajar 4 horas al día peleando por un lugar en la micro para llegar a su lugar de trabajo o en el que debe gastar más de su sueldo por culpa de empresas coludidas.  

Es responsabilidad de todas y todos hacer que estos hechos jamás se conviertan en algo cotidiano. La lucha contra la violencia no se hace con violencia, sino que con conciencia. Debemos generar conciencia y educación a las generaciones futuras para que, primero, no se acostumbren a lo que hoy día a día inundan nuestros medios de comunicación y, segundo, para que combatan estos hechos y no dejen que ningún tipo de violencia quede impune.

Jamás debemos perder la capacidad de asombro frente a hechos como los que lamentablemente día a día vemos. El día que pensemos que es cotidiano, será el día que podremos decir que hemos perdido la lucha contra la violencia. Antes, no.

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