Se me ocurrieron muchas formas de titular esta columna, con calificativos más duros que “poco hombres”, pero no quiero derivar la atención.

Esta columna la escribo con rabia, pero no por eso la escribo mal. La escribo por Beatriz López Álvarez, quien fue estrangulada por su pareja en Pudahuel. La escribo por Juliana Acevedo, quien fue descuartizada y arrojada al Mapocho por su pareja hace unos meses. La escribo por Amelia del Carmen García, quien a pesar de haber puesto denuncias contra su pareja, fue asesinada dejando a una hija sin madre.

Poco hombres queda corto, ya que de hombres no tienen nada. Para ser hombre, hay que ser humano, tener sentimientos, racionalidad, empatía. Quien el 7 de marzo apuñaló hasta la muerte a su pareja Magali Garrido, luego de haber varias denuncias de por medio, para mí, no tiene nada de hombre ni hombría.

Ser hombre no es ser sólo bueno para el fútbol. No es caerse de la bicicleta y no llorar. Ser “hombrecito” no es ir a pegarle a quien te insulta. Ser hombre es ser persona. Ser hombre es respetar a la mujer, querer a tu pareja y proteger su vida. Magdalena Carrillo, de Temuco, a sus 49 años, no tuvo a un hombre a su lado. Tuvo a un cobarde que la mató y arrancó.

Escribo esta columna con mucho sentimiento, con dolor. Pero no como el de Claudia González que en Recoleta murió en manos de su conviviente, ni menos el de sus hijos de 15 y 9 años que quedaron sin madre. Escribo esta columna con mucha pena al saber que sólo ocupé algunos nombres de algunas mujeres asesinadas este 2016. Ocupando todos sus nombres, podría hacer un libro. Escribo con dolor, desde un país que es el cuarto con más femicidios en Latinoamérica y el Caribe.

Pero sé que no son pocos los hombres que están conscientes de esto y eso me da esperanza. Sé que son muchos los hombres que tratan a las mujeres, especialmente a sus parejas, como tesoros, como se debe. Sé que son muchos los hombres en nuestro país que condenan de la manera más profunda cualquier ataque hacia una mujer, sobre todo provocándole su muerte.

Espero, por esto, que sean muchos los hombres en el Gobierno, en el Congreso y en la sociedad civil que tomen cartas en el asunto y nos apoyen a quienes llevamos años peleando por tener leyes más duras contra quienes cometan agresiones o provoquen la muerte de una mujer. Tengo la esperanza que si unimos nuestras fuerzas, más pronto que tarde, los poco hombres, serán muy pocos hombres.

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