Aunque falta más de un año para la elección presidencial ya han aparecido varios candidatos o precandidatos, tanto en la centroderecha como en la izquierda. La mayoría de los chilenos no quiere verlos en pequeñas peleas personales sino haciendo propuestas concretas sobre cómo contribuir a hacer de Chile un país con igualdad de oportunidades.

Porque es fácil decir que se quiere disminuir la desigualdad pero si no se sabe cuándo y cómo ella comienza en la vida de los chilenos, es casi imposible lograr reducirla. La gran mayoría de los chilenos somos iguales al momento de nacer pero a los pocos meses comenzamos a diferenciarnos. La influencia del medio ambiente en el que crecemos va moldeando nuestra personalidad y estimulando o inhibiendo el desarrollo de nuestras capacidades. De esta interacción emergen rápidamente las ventajas y desventajas que nos diferenciarán el resto de nuestras vidas.

Varios estudios han demostrado que la estimulación temprana es fundamental para promover un desarrollo integral de las personas. La evidencia de las neurociencias indica que durante la infancia temprana la experiencia contribuye a la organización cerebral y, por lo tanto, a las oportunidades futuras de aprendizaje y de salud física y mental. La inversión en la primera infancia genera un efecto multiplicador que, a la vez, incrementa las posibilidades de aprendizaje durante las posteriores etapas de desarrollo.

El 75% del desarrollo cerebral se produce durante los tres primeros años de vida, por tanto, todo lo que hagamos o dejemos de hacer en estos primeros años va a ser determinante en las oportunidades, habilidades y talentos que acompañen a nuestros niños para el resto de sus vidas. Es decir, lo que un niño aprende o deja de aprender hoy repercutirá en su futuro. Lamentablemente, muchos de nuestros niños comienzan sus vidas con fuertes desventajas, es así como se ha detectado que los menores en situación de pobreza presentan importantes diferencias en el desarrollo sicomotor que en muchos casos se originan antes de los dos años de edad para luego acentuarse con el transcurso del tiempo.

La fuerte incidencia del medio ambiente en la formación de los niños confirma, una vez más, que mejorar la cobertura y la calidad de la educación preescolar es una urgente prioridad, pues ella puede compensar las debilidades del entorno, emparejando efectivamente la cancha de la igualdad de oportunidades. Al respecto, el Premio Nobel James Heckman señaló: “Si la sociedad es capaz de intervenir en una edad temprana, puede mejorar la capacidad cognitiva y socioemocional, así como la salud de los niños desfavorecidos. La intervención temprana fomenta la escolaridad, reduce la delincuencia, promueve la productividad de la fuerza laboral y disminuye el número de embarazos entre las adolescentes”.

Entonces, ¿por qué estamos gastando millones de dólares para pagarles la universidad a miles de jóvenes con recursos? ¿Qué estamos haciendo por darles a todos los niños la mejor educación parvularia?

¡Qué bien le haría a la política y al país que los candidatos presidenciales debatieran sobre estos temas!


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