Se dice que reconocer un problema es parte importante de la solución. Bien lo saben los médicos: para curar una enfermedad es indispensable hacer un buen diagnóstico. Por eso, aunque el doctor “crea” que los síntomas del paciente corresponden a una determinada enfermedad, se asegura de no equivocarse haciendo exámenes, porque un mal diagnóstico podría resultar peor que la enfermedad.

Y en política pasa lo mismo. Recuerdo el caso de una autoridad que, al entregar unos computadores a los alumnos de una escuela rural, hizo un emotivo discurso en el que destacaba las maravillas de internet para la educación. Al terminar sus palabras, en lugar de escuchar un sonoro aplauso, oyó el rumor de comentarios del público. La razón era que la escuela no tenía internet y faltaban meses para que se conectara. Más aun, la escuela tenía graves problemas de infraestructura que necesitaban urgente solución. Si la autoridad hubiese dialogado oportunamente con la comunidad, habría sabido que los computadores no eran la prioridad más importante para los estudiantes.

Algo parecido ocurrió cuando los políticos de la Nueva Mayoría vieron las marchas estudiantiles de 2011 y los letreros que decían “No al lucro”, “Educación pública, gratuita y de calidad”, etc. Entonces el diagnóstico de la Nueva Mayoría fue “los chilenos necesitan universidades gratis”, pero se equivocaron porque la mayoría del país piensa que la gratuidad sólo debe ser para los estudiantes vulnerables.

Hoy vemos las consecuencias de ese mal diagnóstico: la agenda política del Gobierno es completamente diferente a la agenda social de la ciudadanía. Mientras las personas esperan mejor salud, mejor educación y mejores pensiones, el Gobierno propone construir un país distinto con otro sistema de salud, otro modelo de educación  y otro régimen previsional. Esa es la realidad, aunque no les guste a quienes sueñan con las revoluciones que destruyen todo para reconstruir todo nuevamente. Lo dije antes en otra columna: los chilenos no quieren vivir en un “nuevo” Chile, sino vivir “mejor” en este Chile.

Hace unos días volvimos a escuchar malos diagnósticos sobre lo que está pasando. Un ex Presidente dijo que “esta es la peor crisis política e institucional que ha tenido Chile”. Como profesora de Historia, recuerdo varios episodios históricos bastante más complejos y dramáticos que el actual. Otro mal diagnóstico es el que hizo un ministro al decir: “Se ha agotado el sistema de gobernabilidad del país”. ¿En qué país viven estas personas? Parecen profetas del fin del mundo. ¡Por favor, un poco de sensatez!
Decir que Chile está hundido en un caos no solo es un pésimo diagnóstico sino además una invitación abierta para que todos aquellos que se sienten “mesías” o líderes “elegidos por Dios” se nos ofrezcan como “salvadores” de la Patria. No, gracias. Chile no necesita salvadores ni iluminados, ni de izquierda ni derecha que nos rescaten para llevarnos a su imaginaria “tierra prometida”. Chile necesita hombres y mujeres que se dediquen a la política con honestidad, buenas ideas y ganas de trabajar para mejorar la situación del país, no la de sus parientes y amigos.

Chile necesita políticos con capacidad, experiencia y liderazgo para enfrentar la crisis de confianza que afecta la credibilidad de nuestras instituciones, incluyendo al Gobierno. Exagerar los problemas o distorsionar la realidad para sacar un provecho mezquino, no ayuda en nada y sólo profundiza la desconfianza de la ciudadanía en la política.

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