Mario Vargas Llosa, el creador de maravillosas novelas y cuentos, y autor de brillantes ensayos y crónicas, cumplió en marzo pasado 80 años de vida. Ocho décadas de imprevisible trayectoria porque a pesar de su historia y de las experiencias sociales de su generación, abandonó las ideas de izquierda para abrazar la cultura de la libertad. Imprevisible porque aunque ya era un escritor aclamado y reconocido, fue capaz de bajar del pedestal de celebridad para meterse frontalmente en la política, asumiendo nada menos que una candidatura presidencial. Imprevisible porque con sus 80 años, lejos de llevar la reposada vida de un jubilado, sigue avanzando adelante sin pausas y sin dormirse en sus bien ganados laureles.

Hace poco se publicó “Ideas en libertad”, un libro escrito en homenaje al cumpleaños del genial escritor peruano y español. En este texto, 80 hombres y mujeres provenientes no sólo del mundo de la literatura, sino también de la política, el periodismo, la economía, la educación y la cultura, ámbitos que, entre otros, han sido tocados e influenciados por la vasta obra de Vargas Llosa. El común denominador de los ochenta testimonios es la libertad como idea y principio moral, social, político y económico. Libertad cuya defensa y promoción han motivado gran parte del trabajo artístico e intelectual del Premio Nobel de Literatura de 2010.

Hace unos años tuve el honor de conocerlo, y hace pocos días, también pude entrevistarlo. Nos habló de su preocupación por el populismo tanto de izquierda como de derecha que asola a Latinoamérica, y que hoy también está presente en Estados Unidos en la candidatura de Donald Trump. También nos confesó su deseo de escribir la segunda parte de “El pez en el agua” y nos contó sobre cómo concibe el amor.

Escuchándolo es posible constatar que su compromiso por la libertad es total y no admite excepciones ni oportunismos, tal como lo demostró en su viaje a China el 2011 cuando consultado por una reportera de TV de un canal oficialista sobre cuál era su palabra favorita en español, respondió: “Libertad”, añadiendo porque “resume las mejores aspiraciones de los seres humanos”. En esa ocasión Vargas Llosa reconoció el gran desarrollo económico chino, pero también tuvo coraje para expresar que esperaba que ese desarrollo también tuviese un correlato político.

Y es que en la concepción de la libertad de Vargas Llosa hay una lección sobre cómo ella debe ser comprendida, porque hay quienes tienen una mirada hemipléjica de la libertad. Mientras algunos sólo valoran la libertad para hacer negocios, comprar y vender, otros sólo la aprecian para manifestarse públicamente o elegir determinadas formas de vida. Algunos sólo echan de menos la libertad cuando la oprime una dictadura de derecha, pero callan y miran para el lado cuando la asfixia una de izquierda. Otros promueven la libertad sexual, pero niegan la libertad de cultos y de conciencia, censurando la participación política de quienes profesan determinadas confesiones religiosas. Finalmente hay quienes creen defender la libertad, pero en realidad la degradan al confundirla con simple autonomía o con la posibilidad de hacer o decir cualquier cosa.

La libertad humana tiene diversas facetas y se manifiesta de múltiples maneras, pero ella es una sola. Es el único medio que permite a las personas crecer, realizarse plenamente y alcanzar sus fines, y por esa razón debe ser siempre respetada y amparada por el Estado y por la sociedad civil íntegramente sin reservas, cálculos ni dogmatismos, en todo lugar, tiempo y circunstancia.

Felicidades entonces a Mario Vargas Llosa y bienvenida sea la libertad en todas sus formas y para todos los chilenos.

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