Tenía 8 años y en las noches de verano solíamos jugar a las escondidas en la oscuridad, grandes y chicos. Los chicos nos creíamos grandes por salir a esas horas y los grandes se daban la libertad de volver a ser niños por un instante.

Cuando terminaba el juego teníamos el ritual de tendernos en el pasto y admirar los secretos del universo. Contábamos satélites e inventábamos encuentros marcianos (que ni siquiera Curiosity podría registrar).

Pero sobre todo recuerdo esa abismante cantidad de preguntas que aparecían. Solía ser de las últimas en volver a la casa, recuerdo que mi padre me esperaba pacientemente.

Estos recuerdos con olor a Limache, me acercaron de manera irreversible al mundo de la ciencia a una edad donde la curiosidad es innata. 

Y aquí es donde me quiero detener. Todos los niños son científicos por naturaleza. Todos aman hacer experimentos, inventar cosas o re inventar otras. En algún momento, que no es claro, ahí donde las hormonas empiezan a aflorar, esa curiosidad empieza a dejar de sentirse. En otros la curiosidad persiste y a veces hasta nos dedicamos a contagiar a los demás. Esta manera de mirar el mundo como un eterno niño explorador es además un lugar para proponer sin temor a equivocarse. Acercar la ciencia a nuestros niños es tarea de todos. 

Quiero motivarlos a que volvamos a ser niños. Que nos demos permiso para transformar nuestra plaza en un centro de exploración, nuestra cocina en un centro de experimentos, o el paseo dominical en una oportunidad para volver a oler, sentir y tocar algo más que el mundo de pantallas en el que hemos sumergido (con o sin querer) a nuestros niños.

Cada uno de nosotros tiene una oportunidad única de potenciar la curiosidad en ellos: enseñarles a proponer ideas nuevas, a descubrir con sus propias manos cómo hacer un experimento, a maravillarse con resultados no esperados y sobre todo a trabajar en equipo y aprender a equivocarse.

Parte de este espíritu es el que llega semana a semana a las escuelas rurales de nuestro país de la mano de una iniciativa única: el Bus ConCiencia (co gestado por Fundación EcoScience & Fundación Ciencia & Vida). Este el primer bus científico de nuestro país que lleva talleres de ciencia, a través de un equipo inspirador a los lugares más remotos.

Estoy convencida que con este proyecto estamos construyendo un Chile mejor. Un país donde quizá no esté tan lleno de científicos como algunos quisiéramos, pero sí que todos puedan mirar a través de los ojos de la ciencia.

El resultado seria increíble, de eso estoy segura.

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