Chile es un país de creadores. Y la creatividad, que se manifiesta en la música, en la literatura, en la pintura, en la arquitectura o en el cine y la televisión y en muchos otros campos, la encontramos a lo largo de toda nuestra geografía.

Eso es lo más estimulante de una excelente iniciativa como es el Fondo de Producción Comunitaria del Consejo Nacional de Televisión, que acaba de premiar a quienes postularon con sus obras en 2015 y cuyo propósito es difundirlas este año a través de medios audiovisuales que existen en el ámbito comunal o regional.

La gracia o la importancia de esta iniciativa es que estimula a usar sobre todo la creatividad, porque los recursos que se entregan -264 millones de pesos a repartir- no son para grandes producciones, pero es una  importante ayuda para quienes se han propuesto comunicarse con determinadas comunidades con historias que las motivarán, las harán identificarse y emocionarse.

Varios de nuestros grandes artistas se iniciaron con una producción pequeña, se interesaron por contar una historia y la transmitieron a través de su disciplina, muchas veces sólo a base de imaginación, entusiasmo y talento, sin perjuicio de que sus conocimientos técnicos colisionaran con las posibilidades logísticas. Lo importante es que perseveraron y consiguieron su objetivo, constituyéndose en íconos de nuestra cultura.

Para el Gobierno es trascendental ser parte de alguna forma en el impulso de las producciones comunitarias, que surgen de la iniciativa juvenil, del trabajo vecinal, de la asociatividad entre amigos, de la preocupación por el deporte o por el medioambiente. El Fondo de Producción Comunitaria va, en definitiva, a contribuir con quien se preocupa del tema cotidiano, con lo que le importa a quien se suele llamar el ciudadano de a pie.

Eso es lo más estimulante de las iniciativas que se han elegido en esta ocasión y que invitan a seguir trabajando para ampliar estas posibilidades.

Nos alegra que el Fondo de Producción Comunitaria del Consejo Nacional de Televisión haya premiado a 17 obras tan diversas como “Saminaka matices de la cultura”, proveniente de Putre, en el extremo norte de Chile; “La Maleta, Historias de Inmigrantes”, de Buin, o “Conocimiento Williche”, de la isla de Chiloé, que permiten mostrar -a través de canales que han sido generados sólo a base de iniciativa y empuje local- la realidad o los sueños de comunidades típicas, porque de esa forma las engrandecen a ellas y a Chile.

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