La población de nuestro país está envejeciendo, este proceso ha venido ocurriendo de manera acelerada y está transformando nuestra fisonomía social a un ritmo que ha impedido abordarlo de una manera adecuada. Tenemos poco tiempo para prepararnos como sociedad, es una realidad que nos coloca un desafío como país que debemos enfrentar con medidas concretas y de largo plazo.

Hasta el momento nuestro país se ha convertido en un mal lugar para envejecer: según datos difundidos por la Fundación Sol, el 91% de las pensiones son menores a $157.255, equivalentes a un 62% del salario mínimo.

Esta realidad se refleja también en los altos niveles de endeudamiento que tienen los pensionados. Se está creando un problema de pobreza que no ha sido abordado con la urgencia y seriedad que se merece. El movimiento No+AFP es la reacción ciudadana a esta realidad.

Los adultos mayores tienen que ser una prioridad en nuestro país. En la discusión del presupuesto hubo avances en diversas temáticas importantes como son las garantías mínimas y cuidados necesarios para nuestras personas mayores, salud y pensiones. Pero aún tenemos mucho que avanzar en políticas públicas que beneficien a nuestros adultos mayores.

Chile necesita que se prioricen políticas públicas que mejoren la calidad de vida de sus ciudadanos y ciudadanas, en este contexto, una medida concreta para ayudar a un sector desfavorecido, es lograr que exista una rebaja en el transporte público para los adultos mayores.

Es una ayuda que sin duda implica una mejora en la calidad de vida de personas que muchas veces tienen que sobrevivir con pensiones miserables. A nivel sudamericano somos los más atrasados en ese sentido. En Ecuador existe rebaja del 50% de la tarifa de transporte, mientras que en Brasil es gratuito. Por esta razón hay que hacer realidad el proyecto de ley para elaborar una Tarjeta Nacional de Transporte para Adultos Mayores.

Que los adultos mayores tengan la posibilidad de transportarse es vital para su desarrollo y calidad de vida, de eso depende que puedan asistir a actividades culturales y sociales, hacer trámites, visitar familiares o amistades, en fin, tener una vida integrada y no aislada.

Este debe ser el objetivo que nos debe guiar en toda política pública que realicemos, adultos mayores autovalentes e integrados a la sociedad, en definitiva, que no dejen de ser ciudadanos. Los adultos mayores deben ser actores de los cambios que requiere el Chile del futuro.

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