Actualmente nuestra Constitución prohíbe a los dirigentes sociales sindicales, vecinales y gremiales ser parlamentarios. La semana pasada se votó en la Cámara de Diputados un proyecto de ley para modificar esta inhabilidad, pero se perdió habiendo ganado ampliamente.

Esta situación paradojal es el resultado de los cerrojos antidemocráticos en que está atrapada nuestra institucionalidad. La votación fue la siguiente: 72 a favor, 18 en contra y 16 abstenciones. A pesar de la amplia mayoría, no se logró llegar a los 2/3 que es el quórum requerido para modificaciones de este tipo. Este hecho, es uno más, que grafica la necesidad de contar con una Constitución elaborada en democracia bajo un mecanismo participativo.

Cuando la dictadura elaboró la Constitución del 80, pretendió separar lo social con lo político. Bajo una lógica antidemocrática inspirada en una visión de sociedad corporativista, intentó que las organizaciones sociales fueran entes preocupados exclusivamente de sus propios intereses, desligándolos del debate de la conducción del país que conlleva la política.

Impedir que el mundo social se involucrará en la vida política era una manera de consolidar un régimen autoritario. Había un especial temor de la politización de los sindicatos por el crucial rol que cumplieron como aglutinadores y conductores de la lucha social por la recuperación de la democracia.  

Es doloroso darse cuenta cómo en nuestro país todavía persisten realidades que la dictadura nos dejó, las que limitan y afectan nuestra democracia.

La pregunta es si corresponde excluir de la posibilidad de ser parlamentario a los dirigentes vecinales, sindicales y gremiales. Para justificar esta exclusión, se argumenta la necesidad de salvaguardar la autonomía de las organizaciones sociales, pero creo que son sus propios miembros los que evaluarán la actuación de sus dirigentes si estos afectan dicha autonomía.

Lo importante es que finalmente será la ciudadanía mediante el voto la que decidirá si un dirigente social es o no electo parlamentario. Este principio básico de la democracia es violentado.      

Volvamos a la votación de la semana pasada, los 18 diputados que votaron en contra y los 16 que se abstuvieron son de derecha. Me sigue impresionado que la derecha de nuestro país no logre sintonizar con criterios básicos de un orden democrático. Al parecer no se han compenetrado de la democratización del país, siguen anclados en los argumentos del ideólogo de la dictadura.

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