La Nueva Mayoría ha ido sufriendo de manera creciente tensiones en su interior. En la discusión por el reajuste del sector público se llegó a niveles realmente complejos. Volvió a fallar la conducción política del Gobierno a la que se sumó el fraccionamiento de las bancadas.  

La lógica que predomina en el Ejecutivo de desentenderse de las controversias de los partidos de la Nueva Mayoría es una muestra más de la inexistente conducción política. No se logra visualizar que los problemas de la coalición afectan directamente a la gestión gubernamental. Pareciera que no existiera racionalidad política para comprender esta sencilla realidad. Asimismo, pretender que un acuerdo tomado con los presidentes de partido en La Moneda iba a significar que todas las bancadas se iban a alinear de forma automática es ningunear el rol político del Parlamento. Así se avanzó y así se terminó.

Mención aparte merece el comportamiento de la derecha, la cual también tiene una alta cuota de responsabilidad en el tema del reajuste. Por un lado, están de acuerdo con la defensa del equilibrio fiscal que representaba la propuesta de reajuste del gobierno, pero votan, con excepción de un solo diputado, justamente el rechazo de la propuesta. Sacan una ventaja política menor al aprovecharse de las tensiones de la Nueva Mayoría para infringirle una derrota al Gobierno, pero hacen un daño mayor, ayudan a acrecentar el desprestigio de la actividad política. La derecha voto en contra de lo que pensaban, esa inconsistencia daña a las instituciones democráticas.
 
Ante estas dificultades hay quienes creen que la solución es terminar con la Nueva Mayoría, tanto desde su ala de centro como más de izquierda. Creo que sería un error estratégico mayor de las fuerzas progresistas permitir que se instale la idea de la división en nuestra coalición, sería permitir que la derecha gobierne por largo tiempo.

Por ello, la labor política debería ser consolidar la unidad. La definición del candidato presidencial es también un proceso que puede generar tensiones que traigan las voces de división, la manera de enfrentarlo es comprometiéndonos a procesos democráticos de definición en los cuales se expongan las ideas y programas. Pero para lograr eso se requiere mantener una convivencia al interior de la Nueva Mayoría. No se pueden levantar cuestionamientos por dialogar con el otro, ya que solo así se podrá aportar a la convivencia.  

Constituir una alternativa viable a la derecha es nuestra responsabilidad y éste es un tema de fondo por lo cual debemos mantener la unidad. Quisiera mencionar sólo dos aspectos por los cuales esto es necesario. Primero, el conservadurismo cultural de la derecha constituiría un retroceso a las libertades culturales de las personas, los debates sobre el aborto o la diversidad serían relegados. Segundo, la derecha quiere un mercado que funcione sin la regulación del Estado, lo que trae el abuso de las grandes empresas sobre los consumidores y daños ambientales a las comunidades.  

Estos elementos están en el ADN de nuestra derecha criolla y tienen consecuencias prácticas importantes para la ciudadanía.  

Sólo a la derecha beneficia el quiebre de la Nueva Mayoría, por ello es nuestro deber lograr la unidad para ser una alternativa. Es necesario ir más allá de las rencillas de la vida cotidiana para apreciar y rescatar el valor de la Nueva Mayoría, lo que significa como alternativa progresista para Chile.

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