La alta abstención electoral, que se prevé que ocurra en las próximas elecciones municipales del 23 de octubre, es una preocupación instalada en todos los sectores políticos. Existe un divorcio entre la forma en que se está desarrollando la actividad política y la ciudadanía que se expresa en una baja participación electoral.

La mayoría de los jóvenes no le encuentra sentido a participar, quizá cree que no le afectan los problemas públicos que se tratan, pero sí hay debates que le afectan directamente, como es la educación, aborto, marihuana, diversidad sexual. Tal vez la valoración de la democracia se haya ido perdiendo, tanto por las prácticas políticas como por la experiencia de lo que significa vivir sin democracia.
 
Que los representantes efectivamente representen las diversas posturas y opiniones políticas que existen en la ciudadanía parece una obviedad en una democracia, pero parece que ese elemento tan evidente no ha estado funcionando en nuestro país. Este puede ser un punto de partida para reflexionar sobre la baja participación electoral.
 
Sobre las causas, se plantea que es un fenómeno global, pero esto no da cuenta de la manera profunda y persistente en que se ha instalado la baja participación electoral en nuestro país. El creciente individualismo que ha establecido un orden socioeconómico neoliberal, que promueve las soluciones individuales por sobre las colectivas a los problemas sociales en nuestro país, es un elemento que es necesario tener presente a la hora de reflexionar sobre la perdida de sentido para los ciudadanos de participar. Cuando además, esta lógica viene acompañada de procesos de despolitización explícitos para hacernos creer que el orden existente es el “natural”, claramente la política deja de cumplir su rol de ser la canalizadora de visiones alternativas de sociedad que entran en un debate democrático. Nuestra actividad política ha sido funcional a esta realidad, y ese es el problema de nuestra política.

Cuando se transparentan hechos de corrupción que enlodan la actividad política, se requiere de más compromiso y participación justamente para transformar esas prácticas, pero la ciudadanía responde restándose. Ante esto se requiere de una práctica política diferente. Para volver a una política donde la democracia tenga sentido para la ciudadanía se requiere una práctica de los representantes distinta, que sea social, en el sentido de estar en contacto con los problemas cotidianos.

Sé que esta reflexión no logrará ser un llamado que haga cambiar conductas para ir a votar en las próximas elecciones municipales, pero creo que es imprescindible abordar este tema que es clave para nuestro sistema democrático. La democracia no puede existir sin ciudadanía y nuestra ciudadanía no está siendo parte. Hay que tomar acciones, cambiar nuestras prácticas como actores políticos.

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