Los eventos deportivos de alta visibilidad son sumamente importantes como vitrinas privilegiadas que pueden agregar valor a la imagen país. No es casual el atractivo que despiertan y su impacto en las audiencias internacionales, que instantáneamente sintonizan y comentan en las redes sociales sus hitos, generando así una mayor repercusión.

De hecho en 2015, año de la realización de la Copa América en nuestro territorio, un 33% de las notas sobre nuestra nación a nivel internacional fue sobre deportes. Asimismo, nuestro análisis de la prensa extranjera constató que el triunfo de la “Roja” en la Copa América Centenario cautivó el interés de los medios, que publicaron alrededor de 9.500 artículos al respecto.

Pero a nivel cualitativo también se generan otras cosas. Durante el reciente torneo organizado en Estados Unidos fue emocionante apreciar cómo nuestro himno nacional vibraba en las gargantas de asistentes a los partidos de la selección, llegando a ser catalogado por Keith Mitchell, director de programación de una radio en Estados Unidos, como “la rapsodia bohemia” de estos cantos, y de qué manera personas de distintas nacionalidades fueron aprendiendo el reconocido ceacheí con que respaldamos a nuestros representantes.

Estos son sólo un par de ejemplos que reflejan la relevancia que tienen los deportistas como embajadores para proyectar ante el mundo su lugar de origen, ayudando a dar a conocer sus costumbres, valores y tradiciones, y generando curiosidad acerca de otros aspectos identitarios.

Dentro de la delegación que nos representará en los Juegos Olímpicos de Río 2016 existen muchos casos que han logrado dar a conocer historias de esfuerzo, superación, “garra” y resiliencia que nos enorgullecen porque, de acuerdo a los estudios de Imagen de Chile, reflejan una parte de lo que somos porque tienen relación con nuestra vocación de progreso y el afán constante por explorar nuestros propios límites.

Erika Olivera, Natalia Ducó, Tomás González, Kristel Köbrich o Karen Gallardo, por nombrar sólo algunos, son ejemplos de lo anterior.

Este potencial como constructor de imagen es también valorado a nivel interno. Según una investigación realizada por nuestra institución en 2015, que incluyó encuestas a nivel nacional, el 79% de los chilenos considera que el deporte es un aspecto que mejora nuestra imagen en el extranjero.

Resulta importante considerar que el avance deportivo de una nación juega un rol protagónico en la construcción de su marca país, al ser un claro indicador de calidad de vida, nivel cultural y desarrollo. De hecho el Nation Brands Index, estudio que año a año mide la evolución de la imagen de 50 naciones, aborda la figuración en materias deportivas como una de las variables que inciden en la reputación a nivel internacional.

Estos Juegos Olímpicos son una oportunidad para avanzar en que, más allá de los resultados, sintamos orgullo por quienes llevarán nuestro emblema en Brasil. De su ejemplo depende que surjan nuevos referentes que superen sus logros y que no sólo obtengan premios más importantes para Chile, sino que contribuyan a mostrar al mundo lo que nos distingue y que así avancemos en consolidarnos como un destino atractivo en múltiples dimensiones.

No debemos olvidar que todos los chilenos somos responsables de cómo somos percibidos en el exterior y, a la vez, beneficiarios de los resultados favorables, ya que una imagen país positiva es un activo, que permite generar más empleos, aumentar las exportaciones, atraer mayor inversión extranjera, despertar interés por el turismo y, en suma, aumentar la influencia política y cultural de la nación.

La invitación entonces es a seguir y alentar a nuestros deportistas en Brasil, que además de destacar por su enorme talento son activos embajadores de los atributos propios de los chilenos.  

Si en Inglaterra los jugadores de nuestra selección de fútbol ya son conocidos como los “súper depredarores” de Sudamérica por su peligrosidad, la pregunta es ¿cómo apodarán ahora a nuestros otros atletas?

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