La amenaza constante de relaves mineros de Copiapó, la basura de las empresas que explotan el salmón y la concesionaria que inundó a los emprendedores en Providencia tienen que ver. Estamos en un país donde la sensación que está predominando es la de un Estado ausente.

Ya no tiene que ver con el “por quien votamos” sino más bien con el país que hemos construido. Con el proyecto. Con los años de crecimiento. Todo parece la sensación de un final de fiesta, donde muchos de nuestros políticos comienzan a vomitar en la resaca de enojos y amenazas. Porque la estabilidad era una fantasía donde disfrutaban unos pocos.

La basura está saliendo debajo de la alfombra. Se acabó el ignorar el problema. Nos está llegando a las costas en la forma de langostinos muertos. Nos está amenazando cuando vemos que una generación de chicos que sale de las universidades no tiene dónde trabajar ni las herramientas para construir un sueño propio. Nos está apareciendo en las tarjetas de crédito sin pagar, en los empleos que se pierden por los avances tecnológicos. En la incapacidad de comunicarse de autoridades que siempre hablaron para unos pocos periódicos. Estamos en una crisis que no es política, no es económica. Es ecológica e intelectual.

Este país es una idiocracia.

Por mi trabajo me toca escuchar la competencia radial y televisiva todas las mañanas. Hacemos una sección en mi programa de radio llamado “Zapping” y la cantidad de barbaridades sin pensar que se sostienen, desde decir que “los chilotes son unos monos”, pasando por “esto no tiene que ver con el rol del Estado” es tremendo.

Es la impunidad del Far West. Y sería bueno, que empezáramos a crecer de una vez por todas.

De partida será buenísimo que los políticos de derecha dejen de jugar a amenazar veladamente por los diarios con un descalabro. Que dejen de fantasear con Venezuela para parecer salvadores. Que tengan una propuesta y no un sollozo: vaya culpa de ellos todo esto.

Negaron todo: en lo valórico, en lo social y económico. Si la gente está enojada no es de la nada: es porque están aburridos de vivir en un país egoísta donde no tienen derecho a nada y encima por quejarse les vienen a tratar de peligrosos. Será bueno que de una vez por todas el conocimiento que ganaron tomando ventaja de un momento de la historia y despojando a los otros lo usen para el bienestar y una propuesta.

A la derecha se le pide una propuesta y te sale con un lamento. Un lamento que generalmente interpreta más morales y miedos que avances y proyectos. En ese sentido, tenemos una derecha intelectualmente pobre que engancha a la primera con locos que proponen ignorar al otro. Ese otro que fue su votante en los 90 y ahora está decepcionado de ellos porque pensaron que les iban a dar algo más que la sensación de ser explotados.

Por otro lado, la izquierda. Qué decir de la izquierda y su versión light y descomprometida de centro. Siempre con esa alma perdedora, de administración más que de cambio. Siempre tentados a tomar palco y no accionar. Y al no accionar, de pronto se ven involucrados en salvar más a las familias que al resto. Falta ejemplo muchachos.

Falta dejar de jugar a asesorar a los Fuente-Alba del mundo. Falta dejar el oportunismo. Falta empezar a activarle la pregunta a la gente y no la buena onda. Falta empezar a invitar a madurar y dejar el juego del “súper club de simpatías”. Falta conversar un poquito más y también qué bueno que sería empezar a usar el Excel. Sería muy sano. Tan sano como dejar de hablar de los familiares. Tan sano como dejar de insultar al chileno de a pie, sin conexión alguna. Falta empezar a dejar el paternalismo.

La nueva generación tiene que empujar (y tengo fe por eso en los nuevos movimientos políticos como Revolución Democrática, la bancada joven del PC, los entusiastas de Amplitud, los liberales con alma neoyorkina, incluso) a dejar los viejos traumas y aprovechar de ser una generación formada para proponer y no lloriquear. Sé que lo hacen ya los jóvenes del Congreso. Ahí esta la esperanza.

El mar de todos los chilenos.

Y hay chilenos cuyas familias viven de la extracción de productos del mar. Y ahora están pasando hambre. Y tienen que pagar cuentas como todos. Hablen con ellos y que ellos también hablen con las autoridades. En lo inmediato y en la proyección. No sirve el solo reclamo. Y tampoco sirve el “no somos de billetera fácil”.

Todos están con la sensación de tener un Estado ausente, simbólico y tardío.
La sensación es que gobiernan las empresas. Y eso no es democracia.

Nadie se puede mandar solo en Chile. Les hace daño a todos. Hay que limpiar la basura bajo la alfombra y sincerar de una vez por todas para progresar. Por favor. Como adultos.

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