No hay duda que la democracia, como concepto de “gobierno del pueblo” se encuentra frente a nuevos e interesantes desafíos jamás vistos. Twitter es mucho mas rápido que un voto y se ha comprobado que fenómenos comunicacionales como la publicidad en Facebook es mas efectiva y directa que cualquier campaña política. Ayer la posibilidad de equilibrar fuerzas mediante el voto para definir un proyecto -ese relato clásico donde el acaudalado y el mas desposeído son iguales frente a la urna- se enfrentaba con periodos de tiempo medido y prudente. Hoy la cultura del click y lo inmediato genera ciudadanos demandantes y empoderados.

La autoridad, a su vez, se encuentra cuestionada desde lo local y lo global y se debate como enfrentar lo que pasa. Lo radical es que cambia la forma en que nos enfrentamos al mundo desde lo económico, lo social y hasta lo ecológico. Las comunidades informadas conversan todo el tiempo y llegan a nuevas conclusiones para las que las estructuras superiores de las pirámides sociales, siempre vinculadas a lo económico y equilibradas por lo político no se encuentran preparadas.

El profesor de filosofía de Harvard, Michael Sandel, sostiene que la democracia no requiere una igualdad perfecta, pero si que las personas se encuentren. “En los últimos años se impuso la idea de que era suficiente con que la economía funcionara. Y ha sido un error: no se pueden eliminar los argumentos políticos, y no se puede pensar que el mercado establece por sí mismo la justicia y la equidad. La fe en el mercado ha eliminado cualquier debate público sobre ética y justicia”.

Desde esa lógica las confianzas se han ido trizando, pero parece ser que la política, sin políticos, se vuelve un camino interesante para mayorías activas desde celulares y calles. ¿Estamos invitados a retornar al origen de nuestra especie para poder ir construyendo un mapa de reconstrucción de procesos y puentes humanos que nos permita un Siglo 21 mejor que el 20?

¿Como gestionar un mundo de economías colaborativas donde las personas son más importantes que los capitales en juego?, ¿a qué obedecen hoy los intereses en los recursos naturales?, ¿a los proyectos económicos o a la supervivencia de la especie? ¿como nos legitimamos frente al otro cuando nuestros vicios e información son públicos?, ¿desde que empatía nos situamos a la hora de coordinar seres humanos?, ¿somos conducidos a sociedades mas justas y colectivas o a mundos mas individuales?
Nunca hubo una sola forma de gobernar entendiendo por supuesto que hay maneras mejores y peores aun no se ha llegado a una manera definitiva que logre satisfacer a los ciudadanos en su totalidad. Lo que si es revolucionario en una mirada al futuro es que si antes estaba todo definido por las personas, parece ser que en un futuro no muy lejano las máquinas y los datos que recopilan tengan fuerte influencia que cambie las cosas.

César Hidalgo es profesor del laboratorio de medios del MIT y se especializa en macroconexiones. Desde organismos a economía se dedica a conectar elementos para sacar conclusiones. un “entrevistador de la naturaleza” como se define que monitores las “miguitas digitales” que cada ser humano deja en el camino que entiende que cada vez que usamos una conexión creamos una huella.

Esa información puede ser eficiente a la hora de mejorar nuestra calidad de vida o de tomar decisiones urbanísticas, pero sin duda también para los críticos puede generar una vigilancia enorme que separe las condiciones humanas. Habermas advertía en 1963 que se podía crear sólo con datos una civilización exclusivamente técnica con la “segmentación de los seres humanos en dos clases: los ingenieros sociales y los internos de esas instituciones sociales cerradas”.

Lo que puede levantar en una cárcel invisible donde nuestros datos o zonas de movimientos definen exactamente nuestras vidas o decisiones, en una ingeniería social a gran escala que puede ser utilizada políticamente.

¿Qué posibilidad hay de que nos transformemos en una sociedad de gobiernos algorítmicos y automatizados sin poder de decisión real? Las implicancias de ser analizados en lo que fue definido como “vida privada” previa al uso de redes móviles y digitales contiene radicales cambios en el panorama geopolítico y sociocultural presente y futuro.

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