Las imágenes de familias y personas en paz pidiendo respuestas frente a La Moneda la mañana del 24, exhibidas por el mundo a través de drones que no tienen marca ni medio, cambia todo el juego. Vamos a tener que cambiar radicalmente la forma en que hacemos las cosas los que escribimos y explicamos muchas veces las cosas, y a veces cometemos el error de sentir la necesidad de ser voceros sin que nadie lo pida. Cuando en realidad el que debe hablar es usted. Nosotros tenemos que salir del microclima.

Todos quedamos offside.

Me incluyo dentro de la métrica: lo que sucedió el domingo en las multitudinarias marchas contra el sistema de pensiones no nos tenía preparados en la trinchera de los medios. Era un misterio saber si el llamado a través de las redes sería un éxito. No estaba presente en los titulares. No estaba en el debate.

Era un ruido de redes: una infografía de vez en cuando, un titular pequeño de un estudio que indignaba a una minoría consciente. Pero jamás se pudo haber pensado, si alguien te lo contaba antes, lo que iba a suceder. Y que sigue dando debates en todos lados: las pensiones son demasiado bajas y la indignación sube y sube.

Lo que sí observé fue que en los principales portales del país, de manera obsesiva casi y permanente el comentario de “Marcha el 24” se volvió tan reiterativo que hasta circulaban memes. En internet se construyó el discurso. Y fue la ciudadanía, la cual tanto faltó en los encuentros locales, la que salió a la calle a pedir lo suyo.

O sea, es más efectivo contar la historia por redes que a través de lo tradicional.
El mismo sábado fueron los cabildos y muchos no se enteraron. ¿De quién es la culpa? Yo creo que es de no asumir que realmente los medios tradicionales se encuentran sumidos en una crisis y ni siquiera quieren escuchar un relato nuevo: están llenos de miedo y personas que temen perder su trabajo por culpa de usted, que con la cámara de su celular puede contar mejor el cuento que varios de los supuestamente formados.

Ademas, esos medios están llenos de personas que no quieren que usted sepa las cosas, honestamente, pero lo peor de todo es que creen que si ellos no se las cuentan no van a saber. Esos supuestamente formados ya es hora también que despabilen y mejoren sus conocimientos respecto a cómo dialogan con el mundo. Es hora amigos periodistas de estudiar no sólo redes sociales sino también métricas y big data.

La calle se llenó. Y las fotos empezaron a correr. Y seguramente a partir de eso, muchos también se sumaron. Desde todas las comunas. ¿Quién fue el organizador? Un grupo llamado Indignados Chile comenzó el movimiento en Facebook. No es un partido. Nadie lo capitaliza. Los políticos que asistieron, en varios casos (como el de Navarro) fueron grabados, perseguidos, repudiados. Hay un divorcio. Un agresivo divorcio. Una grieta emocional desde el mundo de los que “mandan”, para qué decir los medios. Medios que pueden quedar igualmente atrasados como pasó en el movimiento estudiantil. Medios que ahora compiten contra la misma ciudadanía que debería consumir desde ahí la información. Medios que muchas veces son repudiados y mirados en plan de sospecha.

Desde ahí, el deseo más profundo es que tal como los políticos, nosotros, desde la comunicación, hagamos un cambio real y empecemos a escuchar lo que pasa y generar puentes. No aprovecharnos y generar un partido de bandos, sino más bien explicar y traer respuestas para que ustedes decidan y sientan la mejor alternativa.

Para ello, la información de elecciones es tan importante como una buena infografía en redes. El compromiso periodístico o de medios no sólo debe pasar por otorgarle a usted un buen momento, sino hacerlo sentir protagonista y más empoderado a través de la información y no sólo de la emoción de la imagen, sino también de pensar, de entregar ideas, de dialogar y así cambiar el permanente agobio. Agobio que nosotros, desde las páginas de los diarios, las radios y la TV, también hemos provocado.

Un poco de autocrítica y poder empujar algo mejor, lo mismo que les corresponde a los políticos, debe venir desde nosotros.

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