Me cae bien Edo Caroe. Nos conocimos en los pasillos de La Red hace algunos años, cuando junto a Oscarito y Luis Slimming escribían y ejecutaban rutinas en “Mentiras Verdaderas”.

Ante todo, lo que más le admiro es que trabaja mucho y sin escuchar demasiado a los demás (cuántas veces le han dicho que deje de hacer magia en los shows y sigue y sigue, porque le gusta) lo cual lo eleva artísticamente. Lo respeto montón. Es más: sólo quiero que le vaya bien a él y a Natalia Valdebenito, porque encima los dos con sus talentos indiscutibles son buenas personas. Y de esas faltan.

Caroe fue el debutante de una primera jornada del Festival de Viña hecho para señoras. Doble mérito: no tenían por qué empatizar en un país donde el humor negro es de nicho. Es que el cinismo nacional opera así: no te puedes reír de un muerto, pero sí puedes ser cruel hasta la saciedad: pasa con el mal vestido de la gala y transformarlo en un eterno loop de pisoteo. Así fue con Meruane que tuvo que hasta armar un programa como terapia de olvido.

Eduardo tuvo también suerte: la sociedad ve al político como enemigo, a la autoridad como un palitroque de bowling que siempre se para. Y la primera jornada es la ideal para presionar esos botones. Es lo que cualquiera haría sabiendo la crueldad de los medios con los humoristas: tratar de zafar. Zafar a Viña es un pasaporte increíble a shows de casino y estelares. Es el mainstream. Lo que pasa es que nuestros políticos operan como una especie de muertos vivos ¿no? Y lo son de algún modo: el discurso de Insulza hablando de que estamos en el clima más político desde los 70 habla de una profunda desconexión de la realidad. Chile está lleno de inmigrantes (bienvenidos sean, nos muestran otros mundos y miradas) desde hace un año. Españoles, argentinos, centroamericanos se vienen aquí. Si Chile estuviese mal y el mundo tan bien no pasaría eso. Se ha vuelto un mantra el pesimismo: una profecía autocumplida. Un deseo profundo. Unas ganas enormes que no pase nada por algo más grande, como a la espera de un Godzilla destructor o un salvador del espacio.

Hablamos mal de todo y no disfrutamos nada exigiendo el refill de la bebida. Y fantaseamos con formas de cambiar las cosas, porque no nos gustan las cosas como están, pero tampoco sacrificamos.

Vivimos en un país tan tranquilo que Edo Caroe puede decir todo lo que dijo en Viña. En serio. ¿Se han preguntado qué pasaría si en México Caroe dice lo mismo?
A eso voy muchas veces con el rollo del cerco informativo.

Por eso tal como con Eduardo, al cual ninguna cosa en medios se le ha dado fácil, al cual le dijeron no muchas veces, tengo una profunda empatía con el movimiento estudiantil. Me parece que cruza a todos algo generacional. Les toca la mala suerte de dar la cara. No es cómodo: es entretenido pero no es cómodo. Te lo aseguro. De que vayan por ellos todo el tiempo en un lugar donde es más cómodo el descompromiso.

Si quieres vivir bien en Chile no digas nada y compórtate con la patria como si fuese un cajero automático: sácale la plata y nada más. No sacrifiques. No te expongas. No digas mucho. Sonríe. Victimízate. Gana porque está fácil.

Eso no es lo que hicieron ni Camila, ni Giorgio, ni Boric, ni Milosevic, ni Cariola. Hicieron lo que los camioneros no hacen: fueron a la urna y ganaron la elección.
Bueno, de esos cinco hay un fenómeno que por lo menos tenemos que analizar, a propósito del chiste de Caroe que recibió pifias de esa oleada de señoras fanáticas de Marco Antonio Solís: por qué hay distinta vara con Vallejo y con los otros no. Dejo la pregunta. Estoy equivocado probablemente, pero tengo mi mirada. Usted tendrá la suya. Conversémosla.

Algunos miembros de las Juventudes Comunistas dijeron “es una rutina sexista”. No. Yo discrepo: no culpemos a la rutina, no es Caroe, no es ni siquiera la Quinta. Es banalizar el sexismo cuando todos los días podemos hacer algo contra él. Estamos en un país sexista. A partir del trabajo de organizaciones como Ocac y ONU Mujeres hemos cambiado en Chile. Yo hasta hace 3 años hacía chistes estúpidos y machistas. Todos tenemos derecho a cambiar. Y es mejor que cambiemos. Realmente. Hay gente que piensa que ser nazi y consecuente está súper bien.

Estamos en un país donde las mujeres ganan menos que los hombres. Estamos en un país donde evaluamos todo desde el peso de las mujeres, no desde sus capacidades y desde ahí hablamos de sus trajes. No les permitimos envejecer, no les permitimos discrepar, no les permitimos ser madres (una mujer tiene una isapre más cara que un hombre) y no serlo si ellas quieren (hola Soledad Alvear). Por tanto ir por Caroe no es lo más inteligente.

Ahora, mi análisis es sobre la reacción de la gente ahí. Sobre las pifias a ella y no a otros nombres. ¿No es paradigmático que cuando Edo nombró a Jaime Orpis, del escándalo de corrupción Corpesca nadie dijese nada? Es que sí existe un sistemático trabajo (probablemente involuntario, uno descubre que la torpeza no tiene plan en Chile) de distinta vara con Vallejo. Tiene que ver con lo que representa: con anteponer su militancia (que es criticar creer, lo mismo que se podría hacer con cualquier militante) con su condición de ícono de un movimiento. Con la fuerza que tomó la idea estudiantil cuando estuvo presente en la calle. Con la sensación que el Congreso no es el mejor lugar del mundo para pelearla.

Y quizá no es el mejor lugar del mundo para pelearla, pero ahí está.

Otros no están, es más, casi nadie está. Hay mucha queja, poca propuesta. Porque es más cómodo pegarle para parecer alguien empático con todos que decir que es alguien que trabaja y que sí ha existido un sesgo distinto sobre su trabajo.

Yo defiendo eso. El derecho a creer no estando de acuerdo uno con que crea el otro. Eso es la verdadera libertad. Conversar y sincerar es la libertad. Eso impulsa los cambios de fondo.

Por eso el problema no es Caroe, el problema está más bien en nosotros mismos. Y tenemos que cambiarlo.

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