Un frapuccino en Playa Girón. Fue lo único que me salió de la cabeza cuando pensé en la muerte de Fidel el sábado en la mañana. No pude conocer la Cuba de Fidel. Si es por parques de diversiones, preferí el del ratón Mickey cuando pude ir.

Desde hace algún tiempo, en la isla, las grandes corporaciones han instalado tiendas de retail con look retro. No es broma. Lo saben los turistas. Los turistas que saben los dos lados de la historia tipo programa de telerrealidad que conocen muchos que viven ahí.

Turistas que sueñan con la justicia social, y un mundo mejor, pero que serían incapaces de vivir ese mundo. La isla, Cuba, con el dolor del mundo (bloqueo, resistencia y asuntos propios de una dictadura incluidos) se transformó en una suerte de Disneylandia de izquierdas. Donde los que atienden son “personajes típicos” (que impersonal) y, por supuesto, se puede disfrutar entrando y saliendo, a pesar que los que están dentro no pueden salir.

No quiero entrar a ese juego perverso de “tu dictadura y la mía”. No se puede negar el tiempo. No se pueden negar las historias ni los contextos. Pero tampoco los muertos, ni las injusticias, ni las vidas ni las disidencias. Fidel encarnaba lo peor de la izquierda, aunque le duela a quienes creemos en ciertas ideas de izquierda: cierto gusto por la bota. Cierta tendencia a la tozudez. Cierta razón cuando a veces simplemente no da la realidad.

Todo esto cuando aparece un presidente torpe e ignorante salido de un reality show. Todo esto mientras un tipo que ayer hubiera sido denominado como pobre y ahora le llaman hipster por el uso de su barba escribe desde un Android de Google construido en China escribiendo a favor del sindicato mientras viaja en el Uber hablando de los "problemas del proletario", que en realidad gracias a la burbuja de filtro generada por Facebook, más que sus derechos a ese proletario le importan los goles del fin de semana. Ese proletario (que término más aburrido) que dicen "todos los políticos roban", describe con el mismo entusiasmo que un vendedor de piscinas en Brasil con la única diferencia diferencia del idioma. Ese que está sumamente preocupado del próximo capítulo de la nueva teleserie que parece escrita en Turquía pero se arma en Chile con capitales del Discovery Channel.

La verdad es que con el tiempo, y con las idas y vueltas de ciertas prepotencias, uno comprende algo horroroso: una cosa es que creas en los sueños y otra que te niegues a la realidad y la realidad es que se acabó el sueño. Y que te creas mejor que yo por creer y yo me crea mejor por mi cinismo confirma que ganó lo contrario a lo que nuestros viejos creían.

El colectivo es sólo un sistema de transporte.

Igual sería entretenido conocer a los líderes del siglo 21. Se remata el siglo 20. Lo puedes bajar en un archivo de Wikipedia.

¡Hasta la victoria secret!

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