La semana pasada les conté de un viaje a Israel y Palestina. Fui invitado por una ONG internacional (AJC) y tenía como destino explorar las distintas visiones del conflicto y formas de vida en el Medio Oriente. No me pagaron ni un solo peso y aprecio ver las cosas con mis ojos.

Pude cuestionar, como políticos y periodistas de distintos medios (La Tercera, TVN) a expositores y también salir a recorrer por mi cuenta. No sentí estar expuesto a propaganda y no tengo que ver por ningún lado por el conflicto, así que, como muchos evangélicos, por ejemplo, que van a Jerusalen, decidí relatarlo acá. Publiqué libremente las fotos en mis distintas redes sociales: nunca tuve nada que esconder. Y si alguien duda no tengo problema en que me revise las cuentas. No hay ningún shekel en mi billetera, y usted lo puede comprobar. Si quiere agendar: copano@gmail.com.

El café lo pongo yo.

Quiero ser claro en un asunto, para abrir la conversación: tengo amigos de ascendencia palestina. Me siento orgulloso de que ellos sean mis amigos y estoy de acuerdo con su reclamo fundamental: Palestina merece ser un estado, reconocido por el mundo, incluyendo a quienes no quieren que ese estado exista. ¿Me convierte eso en defensor de Palestina? Por supuesto que no, como tampoco soy defensor de Israel, como se ha intentado hacer ver para deslegitimar lo que vi. No tengo dudas de que si fuese invitado por la Federación Palestina, como lo han sido varios políticos y periodistas locales, iría y podría complementar lo que observé. Esto no es binario. No es “el que pone la plata pone la música”.

¿Debo sentir vergüenza por ver con mis propios ojos lo que pasa en un lugar?
Jamás. Si se presenta la oportunidad de ir a los lugares y hablar, lo haré. Yo no escondo mi trabajo ni soy empleado de ningún microclima. Hago medios, columnas y programas que pretenden ser masivos. No armo papers ni ensayos académicos, como los que trataron de responder para quizá competir por quién parece más vivo. Haciendo una analogía: le respondieron a una foto en instagram con una exposición de fotografía en un salon.

Pienso que es mucho más vivo aclarar una cosa: yo trabajo para el público y no trabajo para ningún estado. Es más: no lo necesito. Porque mi relación es con usted. Con el lector, el auditor, el televidente o el que comparte. Con nadie más. Y si trabajo para algo, es para traerle ideas, no para censurarme ni para ser censurado.
La idea, usted decide si la toma. Es libre. Pero nadie debe ser intimidado o avergonzado por el simple hecho por poner una idea en la conversación pública.

No deben sentir vergüenza ni los palestinos ni tampoco los judíos que viven aquí de ser lo que son porque ninguno de ellos dispara una sola bala. Y me encantaría que muchos judíos que se sienten intimidados tuviesen libertad de poder decir lo que sienten en un país donde son minoría, ya que como toda minoría tiene derecho a expresarse. Más allá de si estamos o no de acuerdo. Eso es la democracia. Conversar, debatir. Se nos está olvidando convivir, en la dictadura de los promotores del odio.

Chile se está convirtiendo en un archipiélago de islas que se desprecian y no se hablan. Este caso ha reflejado eso. Resulta que “Copano es amado por los judíos y odiado por los palestinos”. Una exageración total y completa, alimentada por medios hambrientos de clicks y por figuras hambrientas de votos y fama. Sin embargo, muchísima gente me ha escrito en privado para decirme que hablar de esto les hace sentir miedo. ¿Saben algo, amigos? Nadie debe sentir miedo. Al miedo ya lo derrotaron nuestros padres y abuelos. Ni con leyes mordaza ni con acosos podrá volver el miedo. Nadie puede sentir miedo de ser lo que es ni de lo que opina, incluso si no está de acuerdo conmigo. Podemos conversar, jamás perseguirnos. Eso es vivir en paz.

Nunca pensé que una columna de opinión más despertaría una pasión que, incluso estando allá, en el terreno del conflicto, no sentí en las relaciones del día a día. Es triste aclarar que esta es mi mirada y no estoy negando otras, porque acá se piensa que sólo por el hecho de decir algo se busca eliminar al otro.

Jamás pensé que habrían amenazas de muerte de parte de un destacado miembro de la comunidad palestina, Nabih Chadud, a Gabriel Colodro, chileno que vive en la zona del conflicto, y que me pasó el pedazo de misil que le explotó cerca de su casa. Colodro me solicitó que, por favor, me pusiera en el lugar de él y su familia, que no tienen que ver con ninguna milicia. Pienso que Nabih habló de más y no hay que condenarlo. Sospecho que lo más cercano a un entrenamiento militar que ha recibido fue su participación en el reality show llamado “Pelotón”.

Él, como muchos otros, no está de acuerdo con lo que expongo y, quizá, debí calcular que el sentido de esta discusión para él es distinta que para mí. El problema es que sería poco honesto calcular. No sería yo si estuviese calculando. Quizá me equivoco, quizá no, pero es mi mirada.

Por supuesto que estoy expuesto a errores por tener mirada. Por eso quiero poner atención sobre quienes definen esos errores y sus intereses en el juego.

Periodistas de medios digitales como The Clinic, El Dinamo o Gamba no sólo evitaron publicar mi columna dejándola sin acceso a los lectores en su contexto sino también usaron la situación a su propio beneficio. Los medios -como usted sabe- están en crisis y compiten por la atención de la audiencia, buscando lo más espectacular para instalar sus ideas y banners publicitarios. La moral de “el click justifica los medios” puede conducir a enormes errores. Usar mentiras para atraer es un acto espurio más propio de los medios de siempre que se critican desde esas mismas veredas, que de los medios del futuro que necesitamos. Siempre es menos atractiva la verdad, menos atractiva que decir que “Copano se vendió, que Copano es un insensible y que no entiende lo que pasa”. Lucraron gracias a una deformación de mis argumentos y a una caricatura de mi testimonio. El lector atento podrá cotejar y verá que mis palabras son lo que son. Te puede gustar o no mi columna, pero jamás usé los términos: negación, empate, genocidio y nunca relacioné a los palestinos con los nazis. Los nazis son los nazis. Si llegamos a este punto, es probable que cuando escriba en Twitter un chiste termine poniendo #ironia #sarcasmo.

Todo llegó al extremo que el secretario de la Federación Palestina Manuel Hasbún escribió en este diario varias interpretaciones propias de mi texto, quiero creer, por la confusión que despertaron acerca del tema provocadas por malintencionados. Y tengo muchos amigos palestinos a los cuales tuve que ir a darles explicaciones privadas, con columna en mano, que se sintieron dolidos por leer de terceros lecturas violentas. Vuelvo a agradecerles, como lo hice personalmente, por su comprensión y respeto al explicarme sus sentimientos. Sigo aprendiendo de ellos.

Lamentablemente, el clima de respeto y buena fe se rompe. En particular, hubo dos personas que cruzaron un límite. Me dirijo a ellos con nombre y apellido al ser interpelado con una violencia inusitada.

Christian Leal, editor de Bio-Bio Chile, escribió que yo no era periodista ni jamás lo sería por no tener título. No así, según él, mi amigo Juan Manuel Astorga que está en mi misma situación. Está bueno saber que existe la CLU: Christian Leal University. Ojalá logre acreditarse y entre al Consejo de Rectores. Les explico a ustedes: mi asunto académico se debe únicamente a que en un momento, frente a un tema económico, como muchos chilenos no pude seguir pagando las cuotas de la universidad y tome la opción de trabajar para estudiar. Los tiempos del emprendimiento no me permitieron volver. Leal piensa que mi opinión tiene menor valor que la de otros por eso, aunque participo del debate público. Sinceramente, no le reconozco ninguna superioridad a alguien que llega a ese nivel de clasismo y que ya tuvo un escándalo de las mismas caracteristicas con Matías Godoy de economiatodos.cl. Y pienso que hay mejores formas de agradar a su jefe, con el cual tuve un conato público hace menos de un año y del que recuerdo que, justamente para estas fechas, sostenía irresponsablemente que la Presidenta Bachelet renunciaría.

Sin embargo, quien me provocó una sensación personal de dolor fue el señor alcalde de Recoleta, Daniel Jadue. Una persona a quien respeto valóricamente en muchos aspectos. En estas páginas he destacado las farmacias populares y me molesta cuando lo acosan los imitadores de Joseph McCarthy por el partido en que milita. Pero su golpe me dolió más por meterse con un tema familiar sólo para encontrarse la razón.
 
Daniel escribió una columna originalmente llamada “Copano, el nuevo agente de Israel”. Luego de dos horas online, sus editores le agregaron signos de interrogación. Quizá pensaron que yo iba a ejercer un acto legal frente a una injuria, pero no me conocen. En Twitter recibo todo tipo de comentarios y acosos e intento no bloquear a nadie. Creo en la libertad de expresión.

En ese artículo, Jadue sostiene que sólo por el hecho de visitar el lugar ya estoy haciendo propaganda. Que supuestamente “una comunidad sionista de Chile” habría coordinado con la Cancillería y que fui al viaje con agentes de Israel. Una película al estilo “El espía que me amó”, tomando en cuenta que con Daniel hemos conversado en la mejor onda varias veces.

Sostener que yo soy un nuevo agente de Israel o que yo sería, como escribió livianamente “un feliz huésped de la dictadura”, tomando en cuenta que la viví hasta los 4 años, sería tan infantil y ridículo como decir que todos los políticos son corruptos o que por la vehemencia del alcalde él estaría de portero en los hornos de Auschwitz.

También Daniel dice ver lágrimas en mis ojos.

Daniel: las únicas lágrimas que sacaste de mis ojos tienen que ver con la desagradable comparación que hiciste de mi trabajo con el periodismo en dictadura. Como si fuera un juego decir algo así. Me dio una pena enorme, ya que a mi abuelo lo exoneraron políticamente de su trabajo y, como los nietos e hijos, tengo acceso al programa de beneficios del estado en salud para ellos, el Prais. Jamás lo he usado, pero lo tengo en mi billetera como motivo simbólico por el cual (y aquí revelo por primera vez) en mis programas de radio y TV he hecho un segmento llamado “La causa del día” donde han asistido innumerables ONGs vinculadas con los derechos humanos, Lgbt, mapuches, feministas, palestinas, judías y otros, sin costo para que puedan promoverse.

No sólo eso: mi padre y mi madre trabajaron en dictadura para sacar a Pinochet como muchos padres y madres de chilenos. ¿Sabes por qué lo hicieron? Lo hicieron para que yo pudiese contar lo que pasa en un lugar sin miedo a ninguna presión. Por tanto te metiste con lo que quiero, con lo que nadie puede interpretar a su antojo: te metiste con mi verdad.

El diálogo estilo “Donald Trump” apela a la intimidación, la caricatura del debate y la persecución al otro. No quiero imaginar qué haría con los que no le agradan. Espero que no este haciendo escuela en Chile.

Daniel, como creo en la conversación, conmigo puedes hacer algo: tomarte un café. Cuando quieras. Si te anima, también, revisamos mis antecedentes y cuentas. Si te anima aún más, revisamos las tuyas. Tranquilo: yo no persigo a nadie, así que no es obligación. Aprovechemos la excelente y aplaudible idea de la instalación de la óptica popular para mejorar la calidad de nuestros lentes y vernos mejor.

Partiendo porque eres un político situado en Recoleta y no en el distrito de Gaza. Ambos estamos más cerca del asunto del Estado chileno contra los mapuches. Estamos más cerca del problema del Sename y del dolor de nuestros propios niños. No digo que haya dolores mayores o menores, hay algunos más cercanos y otros más lejanos. Si le ponemos, entre todos, la misma energía que hemos puesto allá tan lejos, es probable que cambien las cosas acá tan cerca.

A veces, en Chile se escribe una palabra y te la interpretan como una biblia. O al revés, no pones algunas palabras, y  te dicen que estás negando.  Al final, no quieren palabras. Y ese es el gran problema. Nadie debe tener susto de ser quién es, de la religión en la que cree, ni de la vida que tiene. Eso vale para mis amigos judíos y también para mis amigos palestinos. Acá hubo una sobrerreacción y un intento, grupal, de intimidación. Mi conciencia está tranquila. No hay nada que perder cuando se dice la verdad. Deseo que haya paz en Gaza. Y también en Santiago.

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