El éxito de “La pequeña casa en la pradera” no es un éxito de la industria de la televisión. Es la confirmación de un cambio de relación de las personas con una tecnología: el televisor.

Durante años el televisor fue un ente emisor: sólo transmitía. El cable multiplicó la oferta de ese ente a un punto de no ver los 800 canales que ofrecía, pero sí sentirse mejor por tenerlos. Hoy la oferta de sitios de noticias para móviles sumada a la baja en el precio de la generación de videos es tan impactante (hoy una sola persona puede registrar, montar, postproducir e incluso distribuir), que ese acto de distribuir fragmentos en un timeline de Facebook o Twitter se parece a la relación que antes tuvimos con la televisión en vivo. Estamos “a la espera” frente a nuestras pantallitas como antes lo estábamos en un sofá.

Hoy el televisor es sólo una versión más grande de la pantalla de nuestro celular. E incluso podemos hacer lo mismo que hacemos con nuestro celular: no por nada Google apuesta al Android TV como parte de su estructura futura con entusiasmo.

Los ciudadanos ya no somos los mismos que antes en demasiados sentidos. Y uno tiene que ver con el “aquí y ahora”: Lo que impacta de “La pequeña casa en la pradera” y su éxito al programarse es que la gente ya la vio, y la que la ve entra a un mundo de archivo. Pero más allá de lo político (porque es un golpe conservador) y social (los 80 vuelven a la memoria) es más parecido a consumir algo en el menú del On Demand de cualquier sistema que otra cosa.

Esta semana VTR anunció en una conferencia que Netflix se iba a integrar directamente a la caja. Una caja que cada vez es más Netflix y tiene contenido de los canales. La oferta es facilitar al televidente cada vez más la entrada a mundos de contenido que lo hagan “sentir mejor” como antes pasaba con la cantidad de canales en el pack de cable.

Este giro posee un gran desafio para nuestra industria, hoy viviendo la posibilidad de una edad de oro.

Sí, de oro, aunque pasen “La pequeña casita en la pradera”.

Si la tele en sí asumiese que el modelo cambió y volviera a proponerse como un ente vanguardista, crearía con sus herramientas nuevos pasos. Unidades de transición a lo digital transformando lo generado en horas de video para web y los guiones en textos de contenido. De alguna manera saliendo de lo clásico.

Series como “Bala Loca” de CHV no tienen nada que envidiar a Netflix y generaron en redes el mismo ruido que “Black Mirror”.

Quizá lo que venga es “estrenar” el primer capítulo en la tele y luego dejarlo a disposición completa en una estructura tipo Netflix. Entender que la tele es un ente de promoción y jugar a pasar a construir sistemas nuevos de comunicación y atención del público más parecidos a la radio.

Y desde ahí hay audio.

Es que en la tele hay posibilidades infinitas. Porque está todo lo que necesitas para crear un multimedia en un solo medio.

Es una época maravillosa.

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