No hay nada peor que la incertidumbre. La incertidumbre es una isla en medio de la nada donde vendrá un tsunami o peor aun: habrá quietud. Pero tú sabes que tarde o temprano se acaba.

Vivimos en un mundo salvaje. Nos tocó vivir a los que fuimos niños en los 90 la mejor epoca: el mundo se abría a la globalización, la tecnología hizo avanzar a pasos agigantados aparatos que cambiamos año a año y, finalmente, hasta encontramos nuevas formas de comunicarnos y adquirir una identidad gracias a eso. Somos la generación que conoció al otro desde internet, ya sea en un salón de chat o en un mensaje por Telegram.

Vimos un mundo maravilloso en crecimiento. Vimos archivos que el resto no pudo. Aprendimos bien, nos alimentamos mejor que los otros. Todas nuestras expectativas, fríamente, fueron y son mejores que las de las generaciones anteriores.

Pero llegamos a un punto límite en ese proceso.

Donald Trump es el presidente de la nación más poderosa de la tierra y eso cambia el juego. Si durante todas estas décadas los ideales de progreso estaban ante todo, eso se da vuelta. Por primera vez tenemos un hombre dispuesto a retroceder valores y estructuras (pone a un supremacista blanco como parte de su comité de comunicación en una provocación abierta a las minorías) económicas y sociales.

Aca en Chile no estamos muy lejos de eso. Y no es Guillier quien me preocupa (como sí preocupa a varios miembros de la élite) sino más bien un voto oculto que está muy cansado y se podría levantar a favor de un llamado a un shock furioso.

Hay un hombre blanco heterosexual en Chile cuya moral y masculinidad está quebrada. Es un chileno como todos, quizá es su hijo o su hermano o usted. Ese chileno estudió en un colegio, llegó al instituto o universidad (privada) y salió. Ahora no encuentra pega en lo que le dijeron que iba a tener y no sólo tiene una deuda, sino también mucha rabia que expresa a través de las redes sociales o borrándose en alcohol fin de semana por medio. Está aburrido de que le adoctrinen. Está aburrido de los políticos y de todos los políticos. Está harto de no ganar. Está aburrido de que lo traten mal estos snobs de Providencia que la pasan tan bien. Desconfiando de los inmigrantes y de todo lo distinto, viene por todo.

Es cosa de que le prendan el discurso. Porque “siempre hay una solución” y si esa solución pasa por tomar decisiones que dañan gente, las van a tomar.

Pero, bueno, mientras ellos están ahí enojados con blogs que los aleonan (que les dicen “la dura” pero en realidad son insultos y agresiones igual que Breitbart News en Estados Unidos) acá no han visto todavía el tamaño de la pesadilla que viene. Y se siguen peleando las izquierdas por quién es más de izquierda y las derechas por quién tiene más dólares.

Ja. A mí me da risa cuando dicen “Guillier es la amenaza” porque no es de su club de amigos.

Puede venir algo peor. Realmente peor. Y acá aún no se lo toman en serio por culpa de sus egos.

El odio puede traer más odio todavia. Pongan ojo.

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