La primera vez que me enteré de la existencia de Rafael Garay fue hace unos diez años. Escribía unos microespacios para radio donde recomendábamos programas de TV. Ahí descubrí “El Club de la pelea”, que trataba de artes marciales mixtas. Entre los que peleaban había un pelado de ojos azules. Se llamaba Rafael Garay. Veo un video donde cae entre patadas. Garay hoy está en la lona social.

A las peleas les llamaban “Todo vale”.

Si Dios existe, escribe guiones.

Cuando me enteré del “cáncer” (pongo comillas porque ya nadie sabe) le desee públicamente buena suerte en Twitter. Ahora el mensaje me circula. No siento que sea una condena: mal que mal es un enfermo, si miente o dice la verdad.

Parece increíble pero estamos en un mundo donde parece que hay que andar pidiendo exámenes si nos cuentan enfermedades.

Los productores de mis programas traían a Garay por tres cosas: sabe hablar, era accesible en contenidos y como persona. Es lo mismo que te dice cualquiera que trabaja en los medios y lo ubicaba: se paseaba como Pedro por su casa por canales de noticias, redacciones de prensa y el curriculum encajaba. Ahora que todos nos dicen “oye, ¿pero cómo no se dieron cuenta?”, la verdad es que estaba bien dificil.

¿Los sociópatas saben hablar? Pero claro. Andar revisando a cada uno sería de locos.
¿En la tele sólo basta saber hablar? No lo sé, pero es difícil encontrar expertos que no se vayan a blanco, incluso de las mejores universidades. No es de malos o buenos productores: a las personas no las forman para comunicar en todas las carreras.

Para algunos ésta es la oportunidad perfecta para vender el mantra de “revisemos de dónde vienen todos” con tal de llevar agua a su molino. Vuelvo al punto: es muy difícil explicar en medios masivos y Garay tenía, para mal, esa gracia.

Y a la hora de producir un programa todo vale cuando el tiempo está en contra.

Termino con mi teoría de qué podría pasar con este caso. Uno entretenido, admitamos. Tiene todos los condimentos: sexo, misterio, viajes, dinero. Creo que Luis Gnecco podría interpretar a Garay y Goic a Iván Nuñez en una miniserie para la TV.

No quiero ni acertar ni fallar, pero lanzó lo que creo que va a pasar. Yo creo que Garay va a aparecer. Hay algo que no me encaja en este modo de incendiarse públicamente. Si desaparece sin responder es horrible. Pero hay algo de esa filosofía oriental y ese cierre de filas de la federación de kudo que no me da en la matemática.

Va a aparecer mal (muy mal) o va a zafar. Si zafa, no se olviden de mí: va a dar charlas. Cualquiera las da: acá a Chile vino el lobo de Wall Street. Ahora ¿por qué hizo todo esto?

Muchos tenemos la fantasía de ver qué harían nuestros cercanos al morir. Qué dirían. Qué actos sucederían. Quién queda offside.

Si Garay quería ver cómo se comportaban sus amigos y enemigos, ya está.

Más allá de todo, en el caso Garay hay dos cosas clave: una carta donde promete restitución de fondos a los 56 días. Y la posibilidad de escapar a Rumania.

Estamos atentos.

Todo puede pasar. Todo vale.

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