Pensar que el domingo se acabó la Nueva Mayoría es ingenuo. Quizá la Nueva Mayoría es más un deseo y no existió. La incapacidad de coordinar, los que estaban vendidos, los que tenían parientes a los cuales responder, los que poseían cheques y compromisos, nunca fueron parte de esa idea.

La Nueva Mayoría fue el intento serio de progresismo post 2011. Fue un saludo a todos los que salieron a las calles, pero nunca ellos, los que estaban administrando los deseos, salieron a las calles. La Presidenta, genuinamente, llego a pensar que tiene buenas intenciones, pero los partidos tradicionales rodeándola no permiten un diálogo, porque creen en su manera de ver el mundo y repartir los puestos. A eso se suma que no entienden cómo comunicar, porque siempre despreciaron a los medios. Los encuentran frívolos. Para tontos. Y ahí se construye realidad.

Lo que se acabó el domingo es la Concertación. La gente dijo “ya no va más”. Ya ni siquiera por onda sus simpatizantes fueron. La abstención es eso. Es “nunca más el mal menor”. El triunfo de Sharp es “no quiero el mal menor, aspiro a más”.
DJ Mendez fue un poco eso: el “miren, les ponemos a quien queramos” tan noventa. Lo de Vittori, hoy en la basura, literalmente, también. No funciona el “nosotros que peleamos en la dictadura”. Al final, parecen ser todos frente a la gente lo mismo. Se acabó ese mérito.

¿La culpa de eso es de la derecha? No, eso es un triunfo cultural de la derecha. Culpa de la izquierda.

La izquierda es poco sexy. Siempre te está juzgando y pasándola mal. El 2011 la cosa se dio vuelta porque estaba lleno de gente joven que venía más de la moral del meme que de la militancia, pero crecieron. Fin de fiesta. En cambio, la derecha se había vuelto un mundo de caballeros de traje que te querían cobrar por todo. Tanta militancia sin conversación balcanizó a la izquierda y se transformaron en unos aburridos policías morales que cada vez que hay un punto de no acuerdo reprimen la posibilidad de convencer y la reemplazan por reprimendas que terminan con “ya, mejor me voy a ver Netflix”.

Al final ése es el triunfo de Cathy Barriga. Cathy Barriga es una mujer que le gusta su estilo de ser mujer y no juzga ni a las madres ni a los conservadores. Eso a mi parecer (por MIS VALORES que no tienen por qué ser los tuyos) es malo, porque hay muchas formas de ser mujer, pero no por eso voy a negar a esa otra. Quizá esa mujer no es la más libre, quizá ignora otras posibilidades, pero no por eso es el enemigo al cual hay que poco menos aniquilar. No: hay que educar. A no caer en el yugo de un marido que quiere el desayuno. Y ése es el fracaso: ver todo como “pobres tontos”. Van de agentes que persiguen. Eso es buenismo: no es política. Y eso sirve para una ONG, no para un partido.

Las cosas que andan son desde la proposición, no desde el desprecio.

Los políticos de izquierda están despreciando a la gente hoy. Los de derecha, la despreciaban de antes.

No vayan a habilitar un Donald Trump para después.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro