Creada en 1982 tras décadas de usos para pastoreo de ganado y la extracción de leña y carbón, la Reserva Nacional Río Clarillo es el último refugio de bosque esclerófilo de hoja dura de la zona central, posee bosques relictos de ciprés de la cordillera y el 40% de su flora es endémica, al tiempo que en sus 10.185 hectáres habitan 127 especies de fauna, el 25% de ellas con problemas de conservación y de las cuales 15 están en categoría de peligro.

Estas son algunas de las características que la transforman en una reserva natural de gran importancia para la Región Metropolitana, al igual que los servicios ecosistémicos que nos brindan, como el abastecimiento de agua para las comunas de Puente Alto y Pirque, donde está emplazado.

Es por esto que en octubre de 2015, para la primera conmemoración del Día Nacional del Medio Ambiente, los ministerios del Medio Ambiente, Agricultura, Bienes Nacionales, el gobierno regional metropolitano de Santiago y Conaf, acordamos elevar su estándar de protección al de Parque Nacional, acuerdo que también fue suscrito por la Presidenta Bachelet y que tiene un amplio apoyo de la comunidad y las autoridades locales.

Ese acuerdo se materializó esta semana, cuando en el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad aprobamos este cambio, lo que en la práctica implica la creación del primer Parque Nacional para la Región Metropolitana, región donde sólo el 1,4% de su superficie está bajo protección estatal y que además era la única del país que hasta ahora no contaba con un área protegida de este estándar.

Esta es una gran noticia para la Región Metropolitana, más aún porque el futuro Parque Nacional está a sólo 45 kilómetros del centro de Santiago, y cada año recibe a cerca de 95 mil visitantes que llegan a disfrutar de la naturaleza, sus zonas de picnic y senderos. Es más visitado, incluso, que parques nacionales emblemáticos como Villarrica, La Campana o Siete Tazas.

Elevar el estándar de protección de Río Clarillo al de Parque Nacional ayudará a incrementar su conservación, mejorar planes de manejo e infraestructura, y aumentar la investigación y el conocimiento de sus ecosistemas.

Incrementar la conservación de nuestro patrimonio natural es esencial, y así lo hemos hecho en el último año, sumando nuevas áreas protegidas terrestres y marítimas, como lo hicimos con la creación de parques marinos y áreas protegidas en las islas oceánicas Desventuradas y Juan Fernández, que permitieron triplicar nuestra superficie marina protegida.

Las áreas protegidas nos entregan servicios ecosistémicos de gran valor económico, ambiental y cultural, al tiempo que el contacto con la naturaleza y su apreciación es el método más directo y efectivo para educar en su protección, y avanzar así hacia un país mas sustentable y conciente de la importancia de sus ecosistemas.

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