Las nuevas líneas 3 y 6 de Metro, que se espera estén en operación en 2017, presentan hoy un avance de obras de sobre el 55%. Con sus 37,3 kilómetros combinados contribuirán, a un costo de 2.758 millones de dólares, a expandir la red urbana hasta 140 kilómetros de largo y contener 136 estaciones.

Las nuevas líneas atenderán a un estimado de 660.000 y 870.000 habitantes cada una. Se agregan 5 nuevas comunas a la red, con lo que el Metro movilizará del orden de 2,7 millones de viajes diarios.

Es, sin duda, una noticia relevante. ¿Qué nos dice esto a los usuarios, los ciudadanos y la ciudad?

El transporte urbano metropolitano es el pilar fundamental de una nueva etapa en la estructura y funcionamiento de nuestra capital. Ahogados en atochamientos viales y en obras de infraestructura vial que se construyen después de las crisis, los ciudadanos demandan mejores y más efectivos sistemas de transporte público. Estas demandas están enfocadas en la reducción de los tiempos de viaje (las horas/persona gastadas en traslados son un indicador de la productividad), en la seguridad del servicio, en la equidad territorial y en la calidad de vida asociada al desplazamiento.

Todas dimensiones personales y ciudadanas que se relacionan directamente con los sistemas de transporte urbano y su efecto sobre nuestra calidad de vida.

En el encuentro entre infraestructura (las redes y los modos), la operación y la calidad del servicio, se resuelve un buen sistema de transporte y, con ello, una clara instancia en la que el ciudadano se relaciona con todo el sistema urbano del cual hace parte. Es también un valioso indicador de la relación entre el gobierno de la ciudad y sus ciudadanos.  

La ciudad, a su vez, exige integración y eficiencia, una equitativa cobertura de las necesidades de comunicación de sus habitantes entre las diferentes zonas y sectores que la conforman.

Santiago debe enfrentar como política de desarrollo urbano una fuerte estrategia dirigida al fortalecimiento de su sistema de transporte público, basada en la integración de buses y el tren urbano, con una mayor oferta de alternativas para desplazarse a un mismo destino y una cobertura mejorada.  

Los corredores de transporte son las arterias que estructuran la ciudad, orientan su crecimiento, fortalecen sus centros y subcentros, vitalizan sus barrios, la integran para sus habitantes. Son, en consecuencia, la mejor herramienta de distribución de oportunidades.

El Metro es la pieza central de nuestra red y sistema de transporte. A un costo de cerca de 100 millones de dólares el kilómetro de línea, es una inversión cuantiosa cuya rentabilidad social y económica debe ser la más alta posible. Su eficaz articulación e integración con otros modos para integrar un sistema eficiente,  la  inclusión de nuevos territorios y comunas a su red de servicio y su contribución a la reducción de los tiempos y calidad de viaje, son aportes a una mejor calidad de vida urbana, al desarrollo urbano equitativo y al mejoramiento ambiental de nuestra ciudad.

Resta que estas obras anunciadas encuentren eco en procesos de renovación urbanística, en nuevos proyectos de equipamiento de la ciudad, en potenciar la inclusión de nuevos modos de transporte y a la disminución de la tendencia de crecimiento del parque vehicular. En la dimensión institucional, es posible imaginar, al igual que en otras metrópolis, la creación de una Autoridad Metropolitana del Transporte que contribuya a la eficiencia, integración y desarrollo de nuestro transporte público metropolitano.

La calidad y certidumbre de nuestro transporte urbano es una oportunidad para el desarrollo ciudadano y una medida diaria que enfrenta al usuario con su ciudad y su gobierno. En fin: un estándar impostergable de ciudadanía.

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