El general de dos estrellas Harold Green,  del ejército estadounidense, murió alcanzado por los disparos de un soldado afgano.  En la fatal descarga fueron alcanzados otros 15 militares más, entre ellos un brigadier-general alemán, un general afgano junto a otros altos oficiales occidentales. El atacante fue muerto en el sitio del suceso, Camp Qarga que alberga la  Universidad Nacional de Defensa, en la que son formados los oficiales del ejército nacional afgano.   

En la jerga militar los incidentes son catalogados  por colores. En los ejercicios bélicos occidentales siempre las fuerzas propias son azules. Los enemigos, no era difícil de imaginar,  son los rojos. En caso de fuego amigo, cuando por accidente soldados son alcanzados por su propio bando, se habla de azul sobre azul.En Afganistán, donde se han registrado numerosos ataques deliberados por parte de soldados criollos contra aliados extranjeros, se aplica el rotulo de verde sobre azul.  2012 fue el año récord de este último tipo de agresiones:  62 soldados, en su mayoría norteamericanos, murieron en una cuarentena de balaceras.  Ello representó cerca de un cuarto  de las bajas fatales de las fuerzas foráneas dicho año.  

Los ataques  por parte de quienes cabría esperar gratitud por compartir su destino en el campo de batalla, contra los insurgentes talibanes, minó la confianza de las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos. Para aminorar los riesgos fueron tomadas ciertas precauciones entre las que destacó la táctica del “ángel guardián”. En cada encuentro, desde un ejercicio de instrucción a un partido de fútbol o un asado, un par de soldados occidentales montaban una guardia armada, lo más discreta posible para no ofender a las tropas nativas.  

Las investigaciones sobre las causas de los ataques sorprendieron al Pentágono. La sospecha inicial apuntaba a talibanes infiltrados.  En realidad el grueso de las agresiones fueron ejecutadas por soldados descontentos. A menudo la causa fue el resentimiento contra lo que estimaban una falta de respeto por parte de las tropas occidentales. 

En este último incidente, el más grave de todos,  los talibanes no se han adjudicado la autoría. El futuro de la presencia occidental en  el disputado país asiático es complejo. Todos los miembros de la coalición internacional han retirado sus efectivos o están en proceso de hacerlo. Estados Unidos se propone acabar con todas sus misiones de combate a fines de este año y completar la retirada para el 2016. Ello pese a que la amenaza de los talibanes está tan presente como siempre. 

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