La acosada presidenta brasileña Dilma Rousseff denunció que entre sus opositores prevalece  un clima de “cuanto peor, mejor”.  Hay algo perverso en el desarrollo de la crisis política del país. Mientras más se debilita el gobierno más se fortalece el real, la moneda nacional, y suben los valores de las acciones.

Es insólito: a mayor inestabilidad política hay más optimismo económico. La razón es que el grueso del empresariado, o los mercados como prefieren decir  los analistas de los medios establecidos, apuesta por la caída de Dilma y la salida del Partido de los Trabajadores tras catorce años en el poder.

La continuidad del  gobierno pende de un delgado hilo. Su suerte será sellada por una votación en la Cámara de Diputados. El resultado del voto es de capital importancia no sólo para el futuro político de Brasil, sino que para el conjunto de la región.

Han cambiado los tiempos, pero todavía resuena el juicio de Richard Nixon a comienzos de los 70: “Sabemos que donde vaya Brasil allí irá el resto del continente latinoamericano”. Palabras  pronunciadas entonces en respaldo de la dictadura militar brasileña y cuyos ecos resonaron en todo el hemisferio.

En estos momentos se libra la batalla de los números. Para aprobar una acusación constitucional se requiere el voto del 67 por ciento de los diputados. Esto es, 342 parlamentarios de los 513. Según los partidarios de la acusación ya cuentan con 308 votos por lo que les faltan otros 34. Los defensores del oficialismo tendrían 108 votos lo que significa que están cortos en 63 para lograr los 171 votos requeridos para mantener a la presidenta.

La lealtad electoral es un bien escaso en el sistema parlamentario brasileño. Los diputados y senadores cruzan de una trinchera a otra con cierta frecuencia dada la fragilidad de los partidos políticos. En muchos casos priman los cálculos sobre el futuro de sus respectivas carreras políticas.

El caciquismo y la autonomía que brinda un sistema federal dan un amplio margen de maniobra a los legisladores. Por ello más allá de las declaraciones de ambos bandos no se sabrá el resultado hasta que voten este domingo 17. Si los diputados aprueban la acusación le corresponderá votar al Senado donde sólo hace falta una mayoría simple y los opositores dicen que ya cuentan con ella.

Así, en pocos días se sellará el futuro político de un país que por su población, territorio, gravitación económica y política ha sido la locomotora de los procesos de integración en Sudamérica.

El impacto de la crisis brasileña
Brasil es la mayor economía latinoamericana y atraviesa una seria recesión. Ella es causada por la caída de los precios de materias primas y erradas decisiones del gobierno como apostar fortunas al desarrollo de explotaciones petroleras que en este momento no son rentables. Para Chile el futuro económico brasileño es clave pues es su mayor receptor de  inversiones. Lo que ocurre afecta a toda América Latina. Según del Fondo Monetario Internacional la contracción brasileña proyectada representa el 0,5 por ciento del producto interior bruto de toda la región. Si a la dimensión económica se suma la incertidumbre política se vislumbra un panorama oscuro.

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