Para bailar tango se necesitan dos. La visita a Chile de David Choquehuanca, el canciller boliviano, marcó un áspero nuevo capítulo en las relaciones entre ambos países.  Quedó al descubierto que La Paz y Santiago, como dice el refrán, bailan una misma melodía pero a ritmos dispares. El objetivo boliviano es lograr una salida soberana y continua al Océano Pacífico. La meta chilena es impedir que lo haga, al menos de manera continua,  a través de su territorio.

El gobierno chileno postula que no hay disputa alguna pues Bolivia, de manera soberana, ratificó los tratados que fijan los límites actuales. Para Santiago lo que rige es el Tratado de Paz y Amistad de 1904, que fija las fronteras y el acceso boliviano al mar a través de puertos chilenos.

Pese a ello, en distintos momentos ha aceptado considerar un nuevo trazado que abra una ruta al mar para su vecino mediterráneo. Lo hizo el régimen de Augusto Pinochet, a través de la declaración de Charaña de 1975, que discutió un intercambio territorial.
En tiempos más recientes, en 2007, fue generada la llamada “agenda de  trece puntos”. De todos  ellos había uno que era el que más interesaba a Bolivia, el sexto, que trataba sobre una salida al Pacífico.

Como suele ocurrir con las agendas internacionales que presentan dificultades se partió por lo más simple, para dejar para el final lo más conflictivo: la cuestión marítima. El mandato de Bachelet concluyó sin acuerdos. En su gestión, el Presidente Sebastián Piñera (2010-14), orientado a la Alianza del Pacífico, en los hechos abandonó las negociaciones con Bolivia. Fue un punto quiebre que convenció al presidente Evo Morales que por la vía de negociaciones directas no lograría avances. Ante esta frustración y al observar el éxito relativo de Perú, La Paz optó por llevar el tema a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya.

En todo caso Chile siempre ha insistido que  la reclamación de sus vecinos pertenece al ámbito bilateral.

Ante la venida de Choquehuanca la Cancillería chilena solicitó al ministro boliviano su programa de visita. Ello, para garantizar la seguridad y brindarles las cortesías protocolares a él y su comitiva de parlamentarios y periodistas.

Aquí ya quedó de manifiesto la diferencia de libretos entre los dos países. La autoridad boliviana señaló que deseaba inspeccionar los puertos de Arica y Antofagasta así como la situación de sus compatriotas camioneros. Ello sin someterse al tutelaje chileno.

Las declaraciones acrimoniosas y  fricciones no tardaron. Eran, probablemente, el objetivo de la visita. Señalar a Chile como un país que incumple sus obligaciones. El propósito sería engordar el expediente presentado ante la CIJ. En el futuro cabría esperar más de lo mismo.

Diálogo de sordos
Presidente Evo Morales en Twitter: “Canciller chileno dice que si canciller boliviano, David Choquehuanca, visita Chile ‘llegará en condición de turista’. Esta es la prueba más contundente del neocolonialismo racista que gobierna Chile y que no reconoce a un canciller indígena”.
Canciller Heraldo Muñoz: “Lo que tenemos ahora es una visita privada que al final fue un montaje”.

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