Donald Tusk, el presidente del  Consejo Europeo, viene de señalar: “Hemos visto una reducción drástica del flujo de la  inmigración ilegal”. Según  algunas fuentes la llegada de refugiados e inmigrantes ha mermado en 80 por ciento en las últimas semanas. Ello no quita que la semana pasada el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados reportara el hundimiento de una embarcación, en el Mediterráneo, en la que se habrían ahogado unas 500 personas.

Entre los 41 sobrevivientes del buque, que había zarpado de Libia, se contaban somalíes, etíopes, egipcios y sudaneses.

Tusk junto a Angela Merkel, la canciller alemana, visitaron Turquía donde fueron escoltados por autoridades turcas a inspeccionar un campo de recepción de solicitantes de asilo. Tusk sólo tuvo halagos para el gobierno anfitrión, pues, a su juicio, es “el mejor ejemplo en el mundo sobre cómo tratar refugiados”.

Todo el mundo ha escuchado hablar de las visitas de la Cruz Roja Internacional a lugares de reclusión. Ese día los prisioneros comen carne y duermen en camas con sábanas. Partida la delegación el trato vuelve a su áspera y brutal rutina. Ha sido así desde los campos de concentración nazis a las cárceles de las dictaduras latinoamericanas.

Ello, a tal punto que la expresión “visita de la Cruz Roja” a centros de detención es sinónimo de un cínico y pasajero buen trato. Organizaciones humanitarias denuncian que la visita no mostró la verdadera condición en que viven cientos de millares de sirios, iraquíes y otros en el interior de Turquía.

Los europeos están de acuerdo en restringir a un mínimo la concesión de asilo. El problema es que no tienen muy claro cómo hacerlo, dado que el flujo humano continua.

Algunos estados, en especial en Europa del Este, con Hungría y Polonía a la cabeza, han optado por restricciones unilaterales como el cierre de fronteras. El tema fue discutido con el presidente Barack Obama en su paso por Alemania la semana pasada.

Merkel, ya bastante complicada con el auge político de la derecha xenófoba y con relaciones tensas con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, ha postulado la posibilidad de crear zonas protegidas al interior de Siria para la población que busca asegurar su supervivencia hasta que pase el peligro. Así se cortaría el flujo de refugiados hacia Turquía y Europa.

Obama, sin embargo, es contrario a la idea y se lo planteó a la mandataria alemana. A juicio de Washington, sólo cabe crear santuarios para la población civil si están  protegidos por un contingente militar convincente. Ello significaría desplegar millares de soldados en Siria y Estados Unidos ha reiterado que no está dispuesto a asumir semejante compromiso.

El Pentágono tiene en la memoria las atrocidades cometidas en Bosnia Herzegovina ante la vista y paciencia de tropas internacionales. Entretanto, los resultados de las elecciones presidenciales austríacas dieron un insólito 35 por ciento de los votos a un candidato xenófobo y de orientación fascista. Una señal dura contra la recepción de refugiados en Europa. Es un dilema que opone el drama de millones de refugiados e inmigrantes al rechazo de muchos europeos. Un choque trágico para el cual aún no se vislumbra una solución.

El precedente de la ex Yugoslavia
En Bosnia, en 1993,  Naciones Unidas adoptó una resolución que aseguraba la protección de la zona de Srebrenica. Pero no fueron asignadas tropas suficientes para inhibir a las fuerzas serbo-bosnias que asolaban el área y que cercaron los enclaves con refugiados bosnios musulmanes. Las unidades de cascos azules holandeses,  responsables de protegerlos, permitieron, en julio de 1995, que todos los varones fueran separados de sus familias para, más tarde, ser exterminados en forma masiva. Más de ocho mil hombres y niños desarmados fueron asesinados a sangre fría por unidades serbo-bosnias. Es la mayor masacre perpetrada en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

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