Los ataques y represalias, imposible distinguir uno del otro,  están a la orden del día. Los milicianos de la organización islamista Hamas disparan sus cohetes cuyo alcance ya cubre la mayoría del territorio israelí pero aún carecen de puntería. La fuerza aérea y la armada israelí, por su parte, bombardean posiciones a lo largo y ancho de la franja de Gaza y sus descargas sí alcanzan los blancos. Las bajas palestinas, entre las que se cuentan civiles, ya se empinan al centenar. 

La violencia fue desencadenada por el secuestro de tres adolescentes israelíes que fueron asesinados. Más tarde un joven palestino corrió la misma suerte a manos de civiles israelíes que le torturaron antes de quemar su cuerpo. Los atroces crímenes hicieron hervir la sangre en ambos bandos. El gobierno israelí acusó a Hamas de ser la responsable del secuestro de sus nacionales y que pretendía canjearlos por prisioneros palestinos. Esto dio pie para una masiva  represión en los territorios ocupados de Cisjordania. Las autoridades israelíes temían además que la reconciliación entre Hamas y la Autoridad Nacional Palestina facilitase el activismo político de los milicianos islamistas. 

El enfrentamiento entre Hamas e Israel es sorprendente por la ocasión. Los islamistas conocen mejor que nadie el colosal desbalance bélico que existe a favor de Israel. Hamas, que es la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, sufrió un revés estratégico cuando el presidente Mohamed Morsi fue depuesto en julio de 2013 por los militares. Desde entonces el ejército egipcio coopera con el israelí para mantener el cerco al conjunto de la Franja de Gaza. El mundo árabe tiene su atención puesta en los conflictos que sacuden a Siria e Irak. Ello deja a los combatientes palestinos huérfanos de apoyos regionales.

En lo que toca a Israel su primera preocupación es, desde hace algún tiempo, lo que ocurre con el programa nuclear iraní. La posibilidad de que los iraníes fabriquen armas atómicas, cosa que los israelíes afirman y los iraníes niegan, es considerada por el gobierno de Benjamín Netanyahu como la mayor amenaza estratégica contra su país. En estas circunstancias las fricciones con Hamas son vistas como un elemento distractor. De hecho la Operación Margen Protector para la que han sido convocados  millares de reservistas ha sido lenta. Por norma las fuerzas armadas no avisan sus ataques y todos suelen enterarse cuando ya están en curso. En el caso de la Franja de Gaza se trata de un enfrentamiento entre una poderosa máquina militar y unidades irregulares que ya operan con un alto nivel de clandestinidad. De allí que el factor sorpresa es secundario. Pese a esto el mano dura Netanyahu  es calificado por algunos de sus compatriotas de vacilante y dar señales equívocas por no desencadenar una respuesta militar más aplastante. 

Está por verse si éste será un nuevo episodio de violencia o escalará a mayores. La incertidumbre es mortificante en especial para los habitantes del norte de Gaza. Aviones israelíes lanzaron volantes instando a los moradores de las ciudades fronterizas para que  abandonen sus hogares ante la inminencia de un ataque. 

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