Suenan las alarmas: en Brasil, en los últimos meses, han nacido cerca de cuatro mil niños afectados por microcefalia. Es una malformación cerebral que reduce el tamaño de la cabeza y afecta a las criaturas de por vida. Ello, porque sus madres contrajeron el virus del zika.

En el pasado este virus no fue visto como un peligro, pero ahora hay creciente evidencia que daña a los fetos. El virus es transmitido por el mosquito Aedes aegypti, que también es el vector del dengue, gráficamente llamado el rompehuesos, que fue padecido por 1,6 millones de  brasileños el año pasado.

Hay sospechas de que varios casos diagnosticados como dengue en realidad fueron de zika. El mosquito que se reproduce en aguas estancadas y además puede portar la fiebre amarilla y la chikungunya.

Marcelo Castro, el ministro de Salud brasileño, fue franco: "Desde hace tres décadas que tenemos el mosquito en Brasil y estamos perdiendo feo la pelea contra el dengue". Como es tradicional, en Brasil el gobierno decidió sacar a los militares a las calles. Ya se movilizan 220.000 soldados para colaborar en la erradicación de los focos de proliferación del mosquito. También serán distribuidos repelentes anti-insectos a 400.000 mujeres embarazadas, que están bajo amenaza directa.

En Colombia, Alejando Gaviria, ministro de Salud, señaló que unas 13.500 personas padecieron la enfermedad. El presidente Manuel Santos advirtió que para fines de año el número de afectados podría llegar a las 600 mil personas. El virus ya está presente en 18 países y en el hemisferio tan sólo Chile y Canadá están fuera del alcance del mosquito.

Son ocasiones en que se valora el aislamiento y contar con una eficiente institución de protección como lo es el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

En Colombia, El Salvador y Ecuador las autoridades han sugerido que las mujeres se abstengan de embarazarse. En El Salvador se aconsejó postergar la gestación hasta el 2018. Una demanda que, además de poco realista, es insólita, pues no fue hecha ni siquiera durante el clímax del sida, pese a que las madres podían transmitir el mal a los recién nacidos. El zika es un reto mayor para Brasil, que se prepara para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El conjunto de la región debe cerrar filas ante una enfermedad que no sabe de fronteras y amenaza lo más precioso de la creación humana.

Pobreza y cambio climático
El zika, como muchas otras enfermedades, ataca en forma mayoritaria a los más pobres. A quienes viven en condiciones precarias, próximos a potenciales focos infecciosos. Los epidemiólogos advierten desde hace años que el calentamiento global cambiará la distribución de las enfermedades infecciosas, como la malaria, el dengue y similares que migrarán con los cambios de temperatura. En las zonas tropicales la caída de lluvias torrenciales favorece la creación de núcleos de enfermedades que luego son transmitidas por mosquitos, roedores y a través del agua. Una señal de advertencia es la expansión en América Latina del dengue a latitudes donde antes era desconocido. En 2009, Buenos Aires experimentó serios brotes de la enfermedad, así como las provincias argentinas del norte.

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