Una afirmación insólita: “Juntos, Rusia y el régimen de Assad, están deliberadamente convirtiendo la migración en un arma (weaponising), en un intento por avasallar las estructuras europeas y quebrar su voluntad”. Este  fue el reciente planteamiento del general estadounidense Philip Breedlove, comandante  supremo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), ante el Comité de los Servicios Armados del Senado de su país.

La evidencia del general Breedlove para una acusación tan drástica descansa en una débil interpretación circunstancial: “El empleo de armas indiscriminadas por parte de  Bashar al Assad, y el uso de armas del mismo tipo por las fuerzas rusas, no me dejan encontrar otra razón que no sea la de provocar refugiados y crear así problemas para otros”.

La masa de refugiados y migrantes excede por mucho a la guerra civil siria. Hay cientos de miles de personas provenientes de Irak, Afganistán, Somalia, Libia y otros países que sufren guerra y miseria. Los sirios representan menos de un tercio de los que buscan el asilo europeo.

Washington bombardea y participa con tropas en las guerras libradas en Irak y Afganistán donde los rusos están ausentes. De acuerdo con la lógica de Breedlove, Washington debería asumir una responsabilidad en los flujos humanos que buscan ponerse a salvo de la violencia. El general norteamericano hace suya una postura de Donald Trump y la extrema derecha europea. A su juicio, elementos criminales,  extremistas y combatientes se esconden en el seno del flujo migratorio. Lo mismo es verdad de los millones de turistas que entran y salen del Viejo Continente.

En toda gran muchedumbre habrá elementos antisociales de un tipo u otro. En el caso los que huyen del Medio Oriente, arriesgando sus vidas para cruzar el Mediterráneo, más del 30 por ciento son menores.

Lo que es indisputable es el drástico efecto político y social que causa la llegada masiva de refugiados en el Viejo Continente. El auge de los movimientos xenófobos alcanza a la mayoría de los países. Es llamativo, sin embargo, que la popularidad de la canciller alemana Angela Merkel recupera altas cotas, situándose en un respetable 54 por ciento según una encuesta reciente, un alza de nueve puntos.

Dado que Berlín ha sido por lejos el mayor receptor  de refugiados y Merkel recibió severas críticas, la subida de su aceptación indicaría que la crisis está en vías de superación.

La gran incógnita es qué ocurrirá con las fronteras abiertas entre los países de la Unión Europea. Hasta hace poco era posible viajar en el seno de la Unión sin restricciones. Pero ahora varios estados han levantado barreras y restablecido controles fronterizos. Si esta tendencia continuase marcaría un retroceso mayor en uno de los logros más notables en la construcción de una Europa unida.

El flujo humano crece
El año pasado llegó a Europa más de un millón de personas en busca de asilo. Esta cifra podría resultar superior en el año en curso de acuerdo a las proyecciones. Tan sólo entre enero y febrero, pleno invierno boreal, han llegado 131 mil refugiados e inmigrantes, 30 veces más que el año pasado en los meses citados de acuerdo a Frontex, la agencia fronteriza de la Unión Europea.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro