En las primeras horas del domingo comenzó la esperada ofensiva para liberar a Mosul de manos de los yihadistas. La segunda ciudad de Irak, con una población original de dos millones de habitantes, fue capturada por el Estado Islámico (EI) en junio de 2014. El ataque en curso podría auspiciar el fin de la dominación territorial del EI en Irak.

La lucha por Mosul involucra tanto a potencias locales como a otras más distantes. Según su desenlace podría cambiar la configuración del mapa de la región. El control sobre Mosul reverbera en Siria, Turquía, Irán, Jordania y, sobre todo, en el mundo árabe.

En primer lugar está el brutal choque entre la facción de musulmanes chiítas, que gobiernan Irak, y los sunitas que son mayoría en Mosul. El IS, que pertenece a la corriente sunita, ha declarado una guerra a muerte contra los chiítas. Sus ataques suicidas han detonado bombas en mezquitas y concurridos mercados. Es la continuación de la  guerra civil librada entre ambas denominaciones (2006-2007), que dejó medio millón de muertos. Se calcula además que por tres muertes violentas hay que sumar otras dos a causa de desplazamientos forzados, colapso del sistema hospitalario y falta de agua y de alimentos.

En la batalla de Mosul convergen tropas oficialistas que incluyen al ejército y milicias chiíes con vínculos con Irán. Son estas últimas las que despiertan la mayor inquietud pues en el pasado han cometido atrocidades contra la población sunita.

También participa un importante contingente de tropas de la minoría kurda. Estados Unidos está presente con un contingente de al menos 600 efectivos de fuerzas especiales y asesores. La planificación de la batalla  ha corrido por cuenta del Pentágono.

El EI capturó la ciudad con un par de miles de sus combatientes que lograron batir a más 50 mil soldados del ejército iraquí que abandonaron sus armas para huir. Ahora unos 25 mil atacantes enfrentan a unos seis mil yihadistas atrincherados en una vasta superficie que aún mantiene una población estimada en 1,2 millones de personas. Se anticipa que el enfrentamiento provocará el éxodo de 700 mil civiles.

Las tropas oficialistas, junto a los kurdos, tienen una abrumadora superioridad numérica y de poder de fuego. La táctica de los atacantes será lanzar ofensivas localizadas para obligar al EI a revelar sus posiciones. Entonces intervendrán los drones y las fuerzas aéreas de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña para aniquilar a los yihadistas. Se prevé que será un proceso lento y complejo para causar el menor daño a la población. Porque de ello depende, en última instancia, si Irak subsistirá como un país o derivara en una partición.

Hay quienes anticipan que surgirán tres nuevos estados. Uno chiíta, que incluirá Bagdad y el sur del Irak actual. Otro sunita, en el norte de Irak y parte de Siria y Jordania, y el tercero sería el Kurdistán que, como mínimo, abarcaría regiones de Irak y Siria. Lo que parece seguro es que se evapora el sueño yihadista de fundar un califato.

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