La ofensiva del régimen sirio, con sólido apoyo ruso, contra la principal plaza rebelde está en pleno desarrollo. La guerra civil que desgarra al país, que en marzo cumplirá 5 años, parece llegar a su clímax. Las fuerzas oficialistas del presidente Bashar al Assad ganan terreno en su avance sobre la ciudad de Alepo. Su objetivo es cercar los barrios de la principal urbe siria donde  está el núcleo duro de la resistencia antigubernamental. Se estima en unos 35 mil los combatientes de diversas milicias, entre las que hay desde yihadistas, islamistas más y menos moderados y también algunas fuerzas seculares.

La guerra no terminará aún si Alepo cae en la manos de Damasco. Pero la correlación de fuerzas habrá cambiado en forma drástica. Hecho que estará en forma ineludible sobre la mesa de negociaciones sobre el futuro del país. Los éxitos militares son una inyección a la vena para la moral de las tropas oficialistas.

La otra cara de la moneda es el pesimismo de los rebeldes. Uno de sus comandantes tuiteó: “Bye-bye, revolución”. Los  reveses también alarman a sus aliados que han invertido grandes sumas de dinero y capital político. Arabia Saudita ha llegado a ofrecer tropas terrestres para contener la ofensiva. Riad dice que sólo lo hará como parte de una alianza más amplia. Dada su debilidad operativa, demostrada  en la actual guerra en Yemen, es una forma de decir que enviarán algunos hombres como gesto de respaldo político.

Otra cosa es Turquía que, según fuentes rusas, está movilizando tropas próximas a la frontera. Ankara consideraría crear una “zona de seguridad” al interior de Siria bajo la protección de sus tropas, mejor aún si fuera en el marco de la Otan, para asegurar campos de refugiados.

En los planes turcos estaría asestar un golpe a las fuerzas kurdas con vistas a impedir que consoliden un estado en Siria. En este plano la visita esta semana de una delegación kurda a Moscú, recibida al más alto nivel, es una bofetada rusa al rostro de Turquía.

Estados Unidos observa con desmayo como sus protegidos, financiados y armados por la CIA, pierden terreno. Los rebeldes claman por armas pesadas y en especial misiles antiaéreos para limitar los bombardeos rusos.

El temor de Washington es que algunas de estas armas caigan en manos del Estado Islámico, como ha ocurrido en el pasado. Otro dilema para los estrategas norteamericanos es cómo impedir el choque abierto entre turcos y kurdos. Tanto en Siria como en Irak, Estados Unidos tiene estrechos vínculos con facciones de las fuerzas kurdas. Ello le lleva a vetar los planes turcos.

Hoy el objetivo primordial estadounidense es derrotar al Estado Islámico no sólo en Siria e Irak sino que en otros frentes como el libio. En este delicado ajedrez Moscú emerge como un protagonista de primera línea capaz de influir en futuros acuerdos regionales. Mucho dependerá de cómo concluya la batalla de Alepo.

Nuevas olas de refugiados
Últimas estimaciones hablan de cerca de 300 mil muertos en la guerra civil siria. Los desplazados podrían llegar a los 13 millones de una población de 22 millones. Los últimos combates alimentan la ola de civiles que huyen de la violencia. Esta vez Turquía, que ya ha recibido a 2,5 millones de sirios, ha optado por impedir su ingreso y ha levantado campos en territorio sirio. Ello podría formar parte del plan de crear una “zona de seguridad” bajo su protección militar al interior de Siria. Cualquiera sea el desenlace, la magnitud de la crisis humanitaria es catastrófica.

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