“Secretos de Estado”
 
‘The Ides of March’
Dir: George Clooney
Con: G. Clooney, Ryan Gosling
EEUU, 2011
 
Con sus canas plateadas y carismática apostura, George Clooney perfectamente podría ser presidente de Estados Unidos. El rol le sale mucho más creible, por ejemplo, que el de millonario hawaiano que lo tuvo de candidato al Oscar por ‘Los descendientes’. Clooney posee talante de político y le gusta tocar el tema en sus filmes cada vez que puede. Por eso, desde que aparece como candidato demócrata en pantalla, le creemos.
A su lado está Stephen (el sólido Ryan Gosling), joven ambicioso que va a vivir un duro aprendizaje del lado más sucio de la lucha por el poder. Todo ocurre en Ohio, en instancias decisivas para la nominación definitiva. Es un contexto de tensión y extremo cálculo y manipulación, un símil de corte shakespereana donde el que pestañea muere apuñalado.
Cuarto largometraje dirigido por el propio Clooney, ‘Secretos de estado’ funciona como un thriller bien armado más que como la denuncia de oscuridades de la política que no conozcamos. En ese pantano moral que esboza, sin duda la película pudo haber operado con un cuchillo de mayor filo. Por eso, más que novedad o cuestionamiento profundo, lo que ofrece el filme son diálogos precisos y momentos intensos, narración algo plana pero efectiva, una música de Alexandre Desplat llena de intención y actuaciones muy convincentes. Porque junto a Clooney y Gosling, los trabajos de Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti como dos inescrupulosos operadores merecen aplauso de pie. Ellos encarnan la maquinación tras las sombras, donde toda humanidad se nubla. Sólo con verlos a ambos, la película saca su mejor escalofrío.  
 
“Un cuento chino”
 
Dir: Sebastián Borensztein.
Con: Ricardo Darín, Ignacio Huang.
Argentina, 2011
 
Estrenada hace exactamente hace un año al otro lado de la cordillera, ‘Un cuento chino’ parte con la intención de desconcertar al espectador: anuncia que la historia está basada en hechos reales y, en seguida, muestra cómo una vaca cae desde el cielo y causa una tragedia en China. La acción se traslada luego a una pequeña ferretería de Buenos Aires y el tono cambia hacia uno más cercano al agridulce de la comedia italiana, con un protagonista, Ricardo Darín, en evidente estado de gracia. Roberto, que así se llama Darín aquí, es un tipo huraño,  misántropo y coleccionista de noticias raras, que –por ese mismo azar que hizo caer la vaca- se encuentra de repente en su casa alojando a un joven chino con el que apenas puede comunicarse. Roberto quiere, por cierto, deshacerse del incómodo visitante, y éste, que busca encontrar una familia en un país que le es extraño.
Como todas las buenas películas, ‘Un cuento chino’ va creciendo durante su desarrollo. Desde el arranque casi anecdótico, el director Borensztein enhebra bien los tiempos y los elementos de la puesta en escena; sabe manejar los silencios y los toques de humor y, sobre todo, deja que Darín entregue un recital de matices y emociones soterradas a través de su personaje. Imposible no identificarse con él, inevitable no empatizar con su duelo y su constante huida del amor.
‘Un cuento chino’ es un filme que enriquece la cartelera chilena y permite admirar a un gran actor en la madura cumbre de su talento.