Los físicos de la teoría del caos, cuando hablan del “efecto mariposa”, nos explican a través de esta sencilla metáfora el principio que rige a la ciencia física: la complejidad y el azar operando como principio “mecánico” que relaciona los efectos de un fenómeno o evento con sus causas, pero no de forma lineal, como tradicionalmente había asumido la ciencia de la mano de la intuición. Sin duda que es una verdadera pelada de cables científica.

Nos dicen que una mariposa volando sobre Tokio podría derrumbar un edificio en Nueva York. La epistemología fina de la ciencia ha llegado a estas conclusiones. En cierta manera, el caos gobierna el acontecer de manera insospechada.

En teoría de sistemas, todo lo que envuelve a un sistema en particular es considerado su entorno, ilimitado, el cual es más complejo que aquél, y crecientemente mayor en complejidad según el sistema incrementa la suya, su propia.

Estas ideas me atormentan especialmente por estos días. Desde un principio, el fenómeno explosivo del pokémon me perturbó de una manera inespecífica y mientras escribo estas líneas sigo perplejo, intentando elaborar y elaborar.

¡Vaya la tecnología! Los avances tecnológicos, cada vez más vertiginosos, tanto que casi  nos impiden encajar alguno en concreto cuando aparece una multiplicidad de otros nuevos al día siguiente. Me invade la extraña sensación de que se diluye a igual ritmo mi capacidad de entendimiento.

El caso es que se estrenó hace poco una película: “Nerve”, que aborda la forma en que las nuevas generaciones incorporan la tecnología a su cotidianidad. De antemano parece como si fuese ciencia ficción, pero no lo es. Al contrario, es extremadamente contingente, y su contenido se relaciona estrechamente (¿creo?) con los pokemaníacos. La temática, muy interesante; la cinematografía, nada del otro mundo. El tráiler me sedujo al toque y partí al cine, sin pensarlo. El filme me aclaró la película algo, tan sólo un poco, valga la “rebusnancia”.

A simple vista, la tríada tecnológica parece ser una combinación de GPS + internet + nuevas formas de representación para los sentidos (smartphones).

Una voluntad superior, heterónoma, impulsa a multitudes de cazadores pokemoneros que asesinan bichos que no todos necesariamente ven alrededor, espectros que son y no son, en estos tiempos en que la voluntad se ha desplazado del cerebro al dedo pulgar. Los hemos visto, en mi caso estupefacto, ya en Madrid o Tokio, ya en Santiago o en Los Angeles... en el mundo entero. ¿Quién pone esos bichos en todos los lugares del orbe? ¿Qué mente o cosa siniestra?

En “Nerve” ocurre por efecto de esa tríada una situación análoga pero espantosa, aunque arruinada con un final edulcorado, inconsistente con lo que el guión reclama para sí.

Aquí no sólo se genera caos visiblemente en las calles, y casi en estado puro. Hay, adicionalmente, una Voluntad que emerge, que es superior y etérea, y que domina voluntades de zombis hipnotizados. Este fenómeno va más allá de lo que se ha dado en llamar la realidad aumentada, intuyo. Reconozco que pueda sonar pedestre, mas no veo cómo formularlo con mayor asertividad; va más allá de lo imaginable en su revolución, es más bien una realidad aumentada aumentada aumentada. Estoy sumamente confundido.

Sigo elaborando y me siento realmente sobrepasado, absolutamente perturbado, ya que a pesar de su inmenso potencial benéfico, preveo también un enorme potencial de perversión y sedición. ¿Qué prevalecerá o no y cómo?

¡Uyuyui!

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