Viene en su Mercedes Benz (el que todos tienen, quiero decir), repleto de gasolina, bajando desde el cielo que encapsula a la Capilla Sixtina, el Olimpo para los helenos. Llega muy oportunamente a los Juegos. Viene a batir récords, viene a dar un golpe mediático. Con ustedes, señoras y señores, José Piñera. Yo soy yo; él mismo.

“Amistad cívica” es el regalo que nos viene a prodigar, partiendo por la Presidenta, por supuesto. Ese es el motivo espiritual que le impulsa. Razón muy noble por lo demás. En su reciente entrevista con(tra?) el periodista Juan Manuel Astorga demostró que hasta ahí nomás llegó la nobleza: fueron casi tres cuartos de hora de tortura “mediática” al periodista, constituyendo el fenómeno televisivo más patético del que tenga recuerdo. ¡Medalla!

Los más miserables instintos animales humanos afloraron con fiereza, exhibiendo lo más ruin que cargamos en nuestro “sapien” ser, portador de la palabra. Me imagino que varios millones de espectadores (afiliados muchos) sintieron vergüenza ajena al ver el despliegue rampante de una tal prepotencia intelectual.

Humilló a Astorga instrumentalmente, y de manera sistemática, haciendo uso -al tiempo- de la misma crítica que hacía al conducto u ámbito de prensa en el que estaba inmerso, creando impacto en y por las “engañosas imágenes”, imágenes multiplicadas por sus miles de palabras como por su discurso neoliberal, que no es discurso en realidad. Así hizo, usando matemáticas colegiales, montadas en soberbia caballería.

Desde ya felicito a Juan Manuel Astorga por su entereza y profesionalismo... en fin, por su integridad. Creo que quienes se avergonzaron al ver el show de variedades concordarán con este parecer.

Como Piñera cree en la “perfectibilidad” de las cosas (otra perogrullada que vino a “enseñarnos”), aterrizó desde los aires cordilleranos pretendiendo hacernos ver que había inventado el hilo negro. Sin embargo, noto, su interesante modelo no había estimado (¡vaya burrada!) que las funciones de las tasas de natalidad versus las de esperanza de vida cambiarían con el pasar del tiempo... y con todo el antecedente estadístico, el archivo del que disponía. Se le olvidó la cuarta dimensión, el tiempo, la variable “t”. Hmm.

Desde un punto de vista aritmético va a ser necesario tomar medidas impopulares, por cierto, no obstante nos afecten a todos y cada uno de nosotros. Habrá que ajustar los años de jubilación (igualando el de las mujeres), mas esta vez considerando el dinamismo en el tiempo entre las tasas aludidas; aumentar la cotización; crear una AFP estatal que mantenga colusiones y monopolios a raya; igualar condiciones de jubilación de políticos y fuerzas de orden con las de los ciudadanos; y considerar a los más desvalidos, evidentemente. Entre otras medidas, imagino.

Si somos capaces, como sociedad, de asumir estos costos impopulares, estaremos efectivamente demostrando nuestro espíritu solidario, superponiéndolo a cualquier demagogia.

Técnicamente, el de las AFP es un sistema que individualiza en gotas el mar de la solidaridad social, a pesar de sus bondades técnicas, las cuales refieren los economistas, esto es, que optimizaría el ahorro agregado (el de la población en su conjunto) de las pensiones de jubilación cambiando el sistema de repartos por uno de ahorro individual, gestionado por entidades privadas con sus respectivos expertos en inversión, las AFP.

Destruye la idea y la cultura de la solidaridad en su dinámica. Construye otra, no obstante. Todavía no tengo claro cuál, ni hacia qué desfiladero nos lleva...

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