Las mejores piezas periodísticas –ya sean columnas, reportajes o documentales- suelen surgir del planteamiento de buenas preguntas. Y las buenas preguntas siempre nacen de la observación. Pero hay interrogantes que por ser demasiado amplias tienen una difícil respuesta. Preguntas que apuntan a situaciones cotidianas, temas o hechos que por su propia naturaleza diaria se aceptan sin mucho cuestionamiento. Interrogantes que la mayor parte de las veces reciben un cúmulo de clisés y paternalismos como única respuesta.

Preguntarse por ejemplo, cosas tan sencillas como “¿Es Chile el país más alcoholizado del mundo? ¿Se puede pasar bien sin copete?” es abrir una caja de Pandora. Un lugar donde habitan los peores seudo reportajes con espíritu educativo, denunciante y seudo evangelizador. Reportajes que más allá de entregar la respuesta políticamente correcta repleta de molestas lecciones morales -convirtiendo al televidente en un niño y al documental en un cuento lleno de moralejas- siempre se olvidan de un punto fundamental para la televisión: la forma del relato.

Esas preguntas sobre el “trago” son las que introducen a “Vinos y Guarisnaques”, un capítulo de la serie de documentales “Un País Serio” que se puede ver actualmente en el cable. Preguntas que se justifican con una observación extremadamente cotidiana. “En Chile, los brebajes embriagantes son los invitados más populares de cualquier fiesta. El vino ha sido por largo tiempo el símbolo del país. La sangre y el agua de los chilenos” plantea el inicio del programa. Uno de los mejores capítulos para ver sumergidos en el espíritu dieciochero.

“Un País Serio” es un viejo programa de la productora Aplaplac (creadores de “31 Minutos”) y financiado por el Consejo Nacional de la Televisión (CNTV) que Canal 13 debió emitir en 2009, cuando éste aún era un canal católico. No lo hizo por considerarla “ácida y potencialmente ofensiva”, recibiendo por ello una sanción del CNTV. Entonces el programa deambuló por Internet, se transmitió en La Red sin que nadie lo notara y este mes llegó a darnos una nueva oportunidad a los televidentes a través de canal ARTV.

“Un País Serio” es un programa que de no haber debido enfrentar la censura editorial se habría convertido en un clásico. No es sólo en sus buenas preguntas y sus intentos de respuesta donde “Un País Serio” construye su prestigio. Es en su relato, su forma de contarnos la historia, en la que reside su genialidad.

La investigación y el material histórico que emite el programa resulta sorprendente y va de la mano con un creativo montaje que vence cualquier déficit atencional, y un sutil sentido del humor que nunca se pasa de listo. El programa es un casi un zapping temático que puede pasar de un historiador hablando del dinero que se gastaban los peones en comprar vino, a una de las primeras imágenes captadas por una cámara de cine en Chile, que muestran a un huaso tomándose casi al seco una chuica. De un conspicuo caballero joteándose medio entonado a unas promotoras en una fiesta de la vendimia, hasta imágenes setenteras de un científico chileno que llevaba por entonces, 30 años estudiando por qué las ratas prefieren tomar alcohol que agua cuando tienen la posibilidad de elegir entre ambas. Todo construido como si se tratara de un documental de viejo cuño, con una voz en off de tono serio, muy al estilo de “El Mundo al Instante” o “Al Sur del Mundo”, pero con guiones que sacan sonrisas.

Un “País Serio” es una muestra de lo perdida, inexistente y patética que pueden llegar a ser las líneas editoriales de eso que la tele chilena entiende como cultura. Un programa que observa, muestra y trata al televidente con respeto, y confía en sus propias capacidades para sacar sus propias conclusiones. Un programa que hace reír y viajar desde observaciones absolutamente cotidianas, hasta llegar a respuestas impensadas. Un programa que se disfruta hasta dejar el vaso vacío: a concho. Salud.

Si no tiene cable, puede ver algunos capítulos del programa enhttp://unpaisserio.wordpress.com/