Puede ser un divertido ejercicio para la previa de algún carrete o en una junta de ex compañeros de curso, esas reuniones que se han multiplicado en tiempos de Facebook: los comensales deben tener más de 25 años y responder una sola pregunta: ¿‘El Mundo del Profesor Rossa’ o ‘Cachureos’?

La pregunta la hice en un par de reuniones y los resultados parecen sostener una teoría –para nada científica, claro está- sobre el niño que fuiste y el adulto que eres: mientras los fanáticos de ‘Cachureos’ solían ser niños hiperactivos, extrovertidos, adictos a los gritos infantiles, los retos del tío Marcelo y la adrenalínica experiencia de ser devorado por un Tiburón de esponja o quedar pegado a una pared de velcro (todo a un ritmo televisivo desenfrenado), los fans del Profesor Rossa solían ser todo lo contrario. Niños más tranquilos, pausados. Introvertidos lectores por gusto y no por obligación. En síntesis, los mateos del curso. Porque si ‘Cachureos’ nos llevaba a la ruidosa y colorinche fantasía de Disney World, el Profesor Rossa nos mostraba con sus dibujos –y VHS educativos- lo lino que el mundo animal es.

Y quizás ahí reside la masiva atracción que genera ver al Profesor Rossa, Guru Guru y Don Carter hablando chuchadas. Meando con vista a una araucaria milenaria en el “video prohibido” de 2006, uno que acumula casi dos millones de visitas en Youtube, la pérdida de la inocencia para toda una generación, luego de enterarse de los problemas de Guru Guru con la cocaína. El rating que genera verlos contando chistes cochinos en “Mentiras Verdaderas” de La Red y bailando con “Macarenas Carmonas” –el que vio el programa, sapbe- ligeras de ropa, primero en “La Mansión Rossa” de Via X -2011-, ahora convertida en “La Dimensión Rossa” de TVN. La atracción de descubrir que el mateo del curso era más desordenado que los que se sentaban al final de la sala. El mismo schock que afectó a algunos twitteros que -desconociendo el programa de Via X- esperaban lindos dibujitos y se toparon con Guru Guru pegándose un martillazo en el pico y Don Carter haciéndose el curado odioso con el Profesor Rossa.

No hay casi ninguna diferencia entre esta versión de TVN y la idea original que televisó el año pasado Vía X, más allá de que acá hay más garabatos, sketches grabados fuera del set y cierta desprolijidad en las tomas. Pero la esencia del humor sigue siendo el mismo: el doble sentido, los juegos de palabras, la cintura para abajo, las minitz y el copete. El mismo sentido del humor que hacía que Cecilia Bolocco le pegara tarjetazos a Álvaro Salas en ‘Viva el Lunes’ –pero en versión más hardcore-, que explota Morandé con Compañía nuestro de cada día y que tan bien disfrazan la mayoría de los monólogos de El Club de la Comedia, que parecen más listillos pero que giran en torno a eso mismo. Un sentido del humor nacional –dime de qué te ríes y te diré cómo ves el mundo- que siempre cosecha popularidad.

A algunos el programa les parecerá vulgar y fome, mientras a otros –la mayoría que este sábado lo convirtió en trending topic mundial en Twitter- los hará moverse entre las sonrisas y las carcajadas. Lo indiscutible es que el programa resulta una acertada apuesta para un sábado en la noche. Para los parqueados y los que preparan el carrete. Y que el show tiene todo para convertirse en un mega éxito: tres adorables personajes enquistados en nuestra memoria colectiva y emocional, la fluida complicidad que muestra tener este menage a trois –algo que solo se logra con décadas de circo en conjunto-, una definición de caracteres que generan sinergia pura –el serio, a pesar de sus cabellos rosados, el tierno y travieso emplumado, el chucheta cartero- y el redescubrimiento del carisma de Don Carter, que lo posiciona como un personaje popular a la altura del Compadre Moncho o Canitrot.

Ojalá los guionistas del programa se alejen del excesivo uso de garabatos –es una pimienta no el origen del chiste, a menos que se tenga 7 años mentales-, cambien las risas grabadas por público en vivo y entiendan que lo mejor del programa está en las historias que contrastan la dimensión inocente de los personajes y las experiencias de adulto (como lo hicieron en la parte en que Don Carter encontraba una carta de la polola del Profesor Rossa que odiaba a Guru Guru), y no solo en ver a los ex personajes infantiles bailando cumbia con chicas en ropa interior. Pero sobre todo, que se atrevan a explotar los límites del absurdo y no sólo quedarse atrapado en el copete, el carrete y el café con piernas. Porque ya sabemos lo que pasa cuando el chiste sale repetido: se pudre todo. Y eso si que sería matar nuestra infancia.