Pocos lugares en la capital ofrecen una muestra de chilenidad en sus muros mayor a la del Liguria. Para mí este sitio ha recolectado lo más representativo de nuestro folclor hipster. Lo pictórico está ampliamente representado, imágenes de otra época se intercalan con letreros antiguos, imágenes políticas y placas numéricas de direcciones olvidadas.
Mi favorita es la sucursal original, esa que año tras año fue creciendo y decorándose al mismo tiempo. No puedo evitar conmemorar este septiembre con el muralismo que evoca la mano de la brigada Ramona Parra, es ahí donde las pinturas lloran a los caídos y celebran el asilo contra la opresión, como dice nuestro Himno Nacional. El salón original hoy se viste de lindos copihues en el  techo que le dan un toque tan propio con la flor trepadora por excelencia.
Muchos pueden criticar y otros salamear al Liguria con su gastronomía, otros serán opinantes de su servicio, que sin duda, para bien o para mal, tiene un carácter auténtico, ese uniforme y esa selección de personal deja ver que no se dejan detalles sin cuidar. Marcelo Cicali, su dueño y autodenominado gerente espiritual, plasma sus ideas cual artista en su equipo, da la sensación de que el personal es altamente cohesionado y que probablemente ganarse un lugar en la cuadrilla cuesta gota a gota de sudor y lágrimas.
Muchas veces he estado ahí, de buenas y de malas, de día y de noche, tantas veces que ya ni me acuerdo, pero sí me acuerdo de lo que como. La gracia de este lugar es que su cocina atiende en horario continuado. Son muy pocos los lugares donde puedes almorzar una plateada a las seis de la tarde, menos aún encontrarte comiendo un chupe de locos o una cazuela a altas horas de la madrugada.
Sin desmerecer a las picadas, el Liguria es de esos datos calados para llevar al amigo cuando es forastero, normalmente cuando voy, más de un extranjero me rodea en la mesa. Hay detalles notables como los librillos con mejillas de merluza y las chuletillas de cordero, especiales para compartir. Ahí es cuando la gastronomía luce su capacidad de enriquecer una tertulia, es capaz de sorprende a un invitado e impacta con el gesto del bar de mantener todo el año ese ponche tan nuestro como lo es la Cola de Mono.
Cuna de un movimiento bohemio moderno, es también la caja fuerte de muchos secretos. Desfilan por sus salones músicos, artistas y políticos, tiene ese aire de bar porteño sin estar en la costa. Si tomamos en cuenta que la última vez que lo visité comí un suculento sánguche de pescado frito con vinito arreglado de fruta, se podría decir que este lugar es casi como una fonda permanente. Seguramente miles de historias se tejieron y se tejerán sobre las noches del Liguria, pero, humildemente, ya tengo varios cuadernos rayados con las mías. Si no le gusta ir a la fonda porque hay mucha tierra o si conoció una gringa loca y la quiere invitar a zapatear, váyase a esta cueva de recuerdos que seguro gritará, ¡¡¡viva Chile!!!

Coordenadas
Liguria, Av. Providencia 1373
Teléfono. 2-2357914