Evadir impuestos es un robo. Es sustraer recursos que el Estado puede destinar al bien común. La oficina de abogados Mossack Fonseca, basada en Panamá, creaba millares de empresas de papel, ficticias, destinadas a esconder la identidad de los usuarios que buscaban lavar dinero, evadir impuestos u ocultarlo de algún socio o incluso en algunos casos de la esposa.

También se las llama compañías offshore, que en este contexto quiere decir fuera de alcance, localizadas en paraísos fiscales. Montar una de estas empresas cuesta mil dólares. Pero este es el precio por un papel con un membrete y poco más. Por 2.500 dólares se obtiene el “paquete offshore completo”, que incluye una cuenta bancaria en el Banco Global de Comercio, un palo blanco que opera como director y un directorio. Todo nominal. Pero con el beneficio que el nombre del propietario no figura.

Sacarle el jugo a la empresa de papel es el trabajo de abogados y contadores. Ellos suelen mover los capitales de las grandes empresas y los adinerados para mantenerlos lejos de la recaudación tributaria. Son montañas de dinero.

Según Gabriel Zucman,  investigador de la Universidad UC Berkeley, de Estados Unidos, ocho por ciento de la riqueza financiera del mundo está distribuida  en una cincuentena de paraísos fiscales.  Zucman estima que el fisco en Estados Unidos  deja de percibir 200 mil millones de dólares en impuestos.

Las  empresas transnacionales reducen sus obligaciones tributarias a nivel mundial en unos 130 mil millones de dólares. Cerca del 80 por ciento de las compañías de papel en  paraísos fiscales está destinada a la evasión. Ello explica el porqué los servicios de impuestos de varios países ya revisan la información proveniente de Panamá.

La tributación es uno de los principales mecanismos de redistribución de la riqueza. John Christensen, director de la ONG Tax Justice Internacional, señala un proceso frecuente: “A nivel corporativo, entre transnacionales, se suele aplicar una política de distorsión de precios. Cuanto menos gana una compañía, menos impuesto paga, de manera que contratan a precios inflados servicios legales o financieros de sus subsidiarias en paraísos fiscales. En el paraíso fiscal pagan poco y nada y en el país de origen, mucho menos de lo que deberían porque, en teoría, sus ganancias están muy por debajo de la realidad debido a los costos incurridos con sus propias subsidiarias”.  

Gran Bretaña ha vivido un escándalo pues corporaciones como Google, Starbucks, Facebook  y otras pese a tener facturaciones de miles de millones de dólares tributan cantidades irrisorias.

Una de las tareas pendientes del emergente periodismo investigativo chileno es dar a conocer cuánto tributan las grandes empresas chilenas. Sería interesante analizar sus estructuras de costos. Es comprensible el resentimiento del pequeño industrial o el comerciante sometido a rigurosa vigilancia impositiva. Ello mientras enormes fortunas circulan sin control.

Riqueza y política
La formidable riqueza de la elite adinerada gravita sobre los gobiernos y parlamentos para mantener o mejorar sus prerrogativas.  Según el Tax Policy Center de Estados Unidos, desde la década de 1970 la carga impositiva de los ricos bajó en 29 de los 30 países más desarrollados. Al considerar la lista de los involucrados en los Papeles de Panamá queda claro el interés de numerosos gobernantes por mantener la existencia de los paraísos fiscales.

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