A pocas horas de iniciarse el consejo nacional extraordinario de la Democracia Cristiana, el sector “Progresismo con Progreso”, ala más conservadora al interior del falangismo, emitió un comunicado en que evalúa los resultados obtenidos por la Nueva Mayoría en las últimas elecciones. Hace un duro cuestionamiento al rol y proyecto gubernamental y exige a los dirigentes del partido “defender nuestras convicciones con el gobierno”. En postulados que coinciden con lo expuesto por la mesa directiva del partido a la hora de argumentar el congelamiento de las relaciones con palacio.

El grupo compuesto por históricos DC como Mariana Aylwin, Soledad Alvear, Óscar Guillermo Garretón y Eduardo Aninat, mantiene intenciones de llegar a la primera línea del partido mediante una posible candidatura interna de la ex ministra de Educación e hija del otrora mandatario. Además, se prevé que durante el consejo de hoy se conviertan en el actor más crítico a lo realizado por la mesa directiva, la Nueva Mayoría y el gobierno.

Entre las críticas expuestas en la misiva, aseguraron que "la derrota de la Nueva Mayoría es la contraparte de un mal gobierno y del fracaso de su proyecto político”. Y aseveraron que el partido debe hacer una autocrítica y “pedir a La Moneda asumir su responsabilidad y que rectifique el rumbo”. "La DC confundida y desperfilada en medio de la NM, ha pagado altos costos perdiendo votación y alcaldías”, señalaron.

El grupo exige a los dirigentes del partido mayor firmeza en "la defensa de nuestras convicciones y relacionarse desde nuestra identidad con el gobierno y los partidos de la Nueva Mayoría", con el fin de “recuperar el lugar que a la DC le corresponde en el centro político”.

Y agregan: “Es necesario que la Democracia Cristiana lleve candidato propio a la primera vuelta. No el camino propio, sino una candidatura que compita y que tenga voluntad de ganar y capacidad de llegar a acuerdos".

A continuación los nueve puntos expuestos por el sector conservador del falangismo:

1. A principios de año advertimos a los dirigentes de la DC y al país que lo que la Nueva Mayoría estaba ofreciendo a los chilenos era “un progresismo sin progreso, que representa un serio riesgo de estancamiento y retroceso para la democracia, los derechos ciudadanos, la igualdad de oportunidades y el desarrollo económico-social.” También propusimos levantar “una agenda movilizadora de las muchas voluntades que hoy están por comprometerse con un desarrollo mucho más vigoroso que un magro 2% y que responda a las demandas de equidad, prosperidad y de igualdad de oportunidades”

2. Lamentablemente, el tiempo ha demostrado que nuestras preocupaciones eran fundadas. La gente nos ha castigado por la fragilidad del empleo, las debilidades de gestión, la desaceleración, y la improvisación. Lo ocurrido con el padrón electoral es un ejemplo más de una larga lista de equivocaciones.

3. La gente está aburrida y legítimamente decepcionada de la baja capacidad de gestión, de políticas que impulsan un estatismo vacío, y de la equivocada idea de que es posible redistribuir sin crecer, de que al Estado le basta querer para poder, y que las prioridades no importan porque igual alcanza para todo. Los recientes resultados electorales son el reflejo de aquello y de la enorme distancia que ha tomado la gente de los partidos políticos. La derrota de la Nueva Mayoría es la contraparte de un mal gobierno y del fracaso de su proyecto político. La DC confundida y desperfilada en medio de la NM, ha pagado altos costos perdiendo votación y alcaldías. La Democracia Cristiana debe hacerse una autocrítica y pedir a la Moneda asumir también su responsabilidad y que rectifique el rumbo, retomando el camino de la gradualidad en las necesarias reformas que Chile exige, preocupándose de mejorar la gestión y priorizando los problemas más urgentes del Chile de hoy, para concluir con dignidad su período constitucional.

4. Demandamos de nuestros dirigentes y parlamentarios mayor firmeza en la defensa de nuestras convicciones, y relacionarse desde nuestra identidad con el Gobierno y los partidos de la NM, con el fin de recuperar el lugar que a la DC le corresponde en el centro político de nuestro país y representar a un electorado que quiere reformas serias, graduales y bien hechas y políticos comprometidos con el Bien Común y no con intereses sectoriales o personales.

5. La manera de construir unidad es hacerlo a partir de las coincidencias en el diagnóstico y las propuestas de solución. Lo que se ha venido haciendo los últimos años es juntar por inercia a los mismos actores y exigirse acuerdos o comprometer apoyos, sin que exista una real comunidad de ideas. Esta manera de proceder engaña a la gente y traiciona los ideales de los partidos que integran la coalición, se presenta una unidad que en realidad no existe y se hace con la excusa de que es necesario para dar gobernabilidad, pero esta no es posible cuando las diferencias se hacen evidentes en pleno gobierno. La enorme brecha que se observa en el país entre políticos y ciudadanía, en que un 65% de los electores no concurren a votar, no puede tomarse con displicencia.

6. Las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias son una oportunidad histórica para reordenar el cuadro político de Chile y consultarles a los chilenos qué tipo de sociedad quieren. Para ello es necesario que la Democracia Cristiana lleve candidato propio a la primera vuelta. No el camino propio, sino una candidatura que compita y que tenga voluntad de ganar y capacidad de llegar a acuerdos. De la misma manera, el nuevo sistema electoral de Chile para las elecciones parlamentarias, permite que cada partido quede representado de acuerdo a lo que electoralmente representa en cada distrito o circunscripción.

7. A partir de estos resultados, es posible abordar con madurez y sinceridad los acuerdos necesarios para formar gobierno. Proceder de esta manera, no atenta contra la unidad, más bien la construye responsablemente y la hace sustentable y más sensible a todos los sectores políticos de la vida nacional.

8. Valoramos el encuentro histórico entre el humanismo laico y el humanismo cristiano en los gobiernos de la Concertación; este eje representa a buena parte de los chilenos, pero no es territorio exclusivo de algunos partidos presentes en la actual coalición de gobierno. Es necesario integrar a nuevos sectores políticos y sociales, con los cuales efectivamente existan visiones comunes de país. El país busca alternativas y los que no estén preparados para renovarse perderán vigencia en el alma de las chilenas y chilenos.

9. Finalmente, llamamos a un gran Acuerdo Nacional que mire al largo plazo y que siente las bases para construir una sociedad moderna y desarrollada, que proponga al país una agenda de reformas económicas, políticas y sociales que hagan de Chile una sociedad más próspera, justa e inclusiva, que le dé prioridad al crecimiento económico y que responda a las inquietudes ciudadanas concretas, particularmente, en educación, salud y pensiones.