Ya va el segundo día de viaje, y el barco Esperanza va por el Estrecho de Magallanes sin mayores complicaciones.

"El buen clima ha permitido ir más tranquilos, casi no se siente el movimiento”, comenta el Capitán Daniel Risotti, ¿cómo será en otras ocasiones?, me pregunto. 

Para mi este día ha sido más difícil, el mareo y las náuseas se apoderaron por completo, pero el resto de la tripulación funciona perfecto, cada uno en su labor incluido el único tripulante chileno de Greenpeace, Andrés Soto.

Andrés (38) desde hace ocho años se dedica a ser el mecánico de los botes en Greenpeace, lo que le ha permitido viajar 14 veces en los barcos, conocer cerca de 40 países y haber dado dos veces la vuelta al mundo.

“Desde chico supe que yo quería hacer esto en la vida, mientras veía programas como 'La tierra en que vivimos' o cosas de Jacques Cousteau me fui encantando con viajar y aprender diferentes cosas, siempre supe que iba a tener amigos de todos los países del mundo. Las aventuras que se viven en un trabajo como este son increíbles, o sea yo cuando llego a Chile le cuento a mis amigos que fuimos a la India y tuvimos una acción con unas tribus, y todos me quedan mirando descolocados, pero para mi es lo mejor”, me cuenta Andrés mientras arregla una hélice que estaba dañada producto de la última acción que hicieron en los glaciares.

Andrés está casado con Ana, una marinera Argentina que también va abordo del barco Esperanza, y hace pocos días se bajó del barco Julián (15), el hijo de Andrés, quien se espera vaya por el mismo camino. 

La vida de Andrés transcurre con tres trabajos que están relacionados con el medio ambiente, pero en el que está más tiempo navegando es en Greenpeace, al menos un cuarto de su año está arriba de un barco. 

A pesar de tener un título de técnico en comercio exterior y haber estudiado ingeniería forestal, decidió tomar unos cursos de mecánica en Alemania para poder navegar de manera estable con Greenpeace.

“Antes no sabía que es lo que quería hacer, pero justo cuando estaba estudiando ingeniería forestal Greenpeace tenía una campaña para cuidar los bosques, y eso me enganchó, después me hice voluntario, y ahora trabajo feliz en lo que me gusta”, dice Andrés. 

Valparaíso es la ciudad donde queda su casa, pero el mecánico chileno pasa muy poco tiempo en ella, de hecho alrededor del 15 de enero el barco Esperanza llega a Buenos Aires, donde Andrés desembarcará para ir de visita a la casa de los padres de Ana. 

La planificación de la pareja es pasar una semana en Buenos Aires y luego volver a Chile para seguir arreglando la casa que tienen, pero Andrés me cuenta que desde Greenpeace lo llamaron para un viaje a Grecia en un barco en unión con "Médicos sin fronteras” para ayudar a los refugiados. 

“Aún no está 100% confirmado, pero cuando me lo dijeron me gustó la idea de inmediato. Para mi lo mejor de estar en Greenpeace es sentir que las acciones que hacemos después llegan a algo, y con eso siento que estoy ayudando y aportando al medio ambiente”, dice Andrés. 

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