A las 9:00 horas zarpó el barco Esperanza desde el puerto de Punta Arenas con Andrés, Kim, Mariona, Cat, Daniel, Eduardo y todo el resto de la tripulación, quienes seguirán la ruta que vienen realizando desde el 19 de noviembre cuando llegaron a Chile. 

El viaje seguirá por el Estrecho de Magallanes, el océano Atlántico y cruzará hacia Puerto Madryn, Argentina. La travesía durará cinco días, en los que Publimetro los acompañará para conocer la realidad de la tripulación que integra el barco que fue creado para luchar por causas ambientalistas. 

Una de las últimas causas que Greenpeace ha hecho suya, y por la cual están en Chile, es la protección de los glaciares, los que representan reservas estratégicas de agua en estado sólido y uno de los patrimonios ambientales más importantes, de hecho nuestro país tiene el 82% de los glaciares del continente. 

De acuerdo a la Dirección general de agua (DGA), Chile cuenta con 3.027 glaciares, y para poder protegerlos son diecinueve los tripulantes que han viajado de forma permanente en el barco Esperanza conviviendo día a día con el fin de disminuir las amenazas como el desarrollo minero industrial. 

Los horarios en el Esperanza están definidos, al igual que las labores que realizan desde las 7:30 horas donde se toma desayuno para estar listo a las 08:00 de la mañana y empezar las labores de limpieza. 

"El aseo lo hacen todos, independiente de la función que tengan al interior del barco”, me señaló Diego, un marinero chileno que es parte de Greenpeace desde hace cinco años.

Ojalá no me toquen los baños- pienso sin comentarlo.

Además de los tripulantes estables, en el barco están los voluntarios de la organización que en su vida diaria se dedican a trabajar o a estudiar en temáticas totalmente diferentes que sus jornadas en alta mar. 

Javiera, Eduardo y Arturo son tres voluntarios chilenos que al estar en tierra son los jóvenes de los “puntos verdes”: integrantes de la ONG que están en las calles informando a las personas sobre qué es Greenpeace y cuentan su labor. 

"El mayor sueño de un voluntario Greenpeace es poder estar en un barco”, me comenta Eduardo mientras comienzo a notar el vaivén del barco, pero eso no impide que las personas arriba del Esperanza se alisten para almorzar, ya son las doce del día y es hora de alimentarse. 

El día transcurre tranquilo y sin sobresaltos, pero para los que no estamos acostumbrados al movimiento del barco, sentimos que es cada vez más intenso. Es mejor reponer fuerzas tras la expectación de ver cinco pequeños delfines blancos. 

Son las 18:00 horas y la cena nos espera para luego ir a dormir, si el movimiento así lo permite. 

PUB/VJ