Según el Sistema Nacional de Información Ambiental del Ministerio de Medio Ambiente (SINIA), las ciudades que ejercen el mayor consumo de agua, proveniente de la cuenca del Maipo son: El Gran Santiago, Peñaflor, Melipilla, Talagante y San Antonio. La cuenca del Maipo hoy representa al 80% del agua potable consumida en la Región Metropolitana y al 82% de la utilizada para regadío agrícola.  

Actualmente menos del 1% del hábitat de la cuenca del Maipo se encuentra bajo protección formal, esto según detalla el informe "Conservando el Patrimonio Natural de Chile: El Aporte de las áreas Protegidas", desarrollado por el Ministerio de medio Ambiente, el GEF, PNUD y Kauyeken. Sin embargo, desde el Ministerio de Medio Ambiente ya estarían avanzando en esta materia, trabajando en un plan de adaptación con respecto a la variabilidad y el cambio climático, que impacta en el recurso hídrico de la zona. 

Urgencia

Santiago es una de las ciudades con mayor riesgo hídrico de América Latina, esto según estudios de The Nature Conservancy (TNC). Los mismos estudios indican que para el año 2070 la cuenca del Maipo se enfrentará una reducción del 40% de su balance hídrico –el agua que entra versus la que sale del sistema natural- producto del cambio climático. Desde dicha organización destacan la importancia de trabajar desde ya en el cuidado de aguas.

Leonel Sierralta, director del “Programa de Andes del Sur” de The Nature Conservancy, considera que se necesitan generar procesos y mecanismos que articulen a los actores que hacen uso del agua para asegurar el futuro del recurso,  por lo que actualmente se está desarrollando un trabajo conjunto entre actores públicos y privados. “Este es un tema en el que es importante que exista una gestión coordinada de la cuenca”, agrega. Sierralta considera que es vital incentivar la conservación e inversión en lo que denominan “infraestructura verde”: revegetación, construcción de colectores de sedimentos, construcción de áreas para mejorar la infiltración al susbsuelo.

Si se aumenta la vegetación a un 3%, a través de actividades de restauración y se implementan los planes de conservación necesarios, dentro de 10 a 15 años se reduciría el sedimento en el agua en un 25%, mejorando su calidad.