En el mundo se generan 41,8 millones de toneladas de residuos eléctricos y electrónicos (RAEES) al año, con un promedio de 5,9 kilos al año por persona, de acuerdo con los datos de Naciones Unidas.

Sin embargo, en Chile el promedio está sobre ese total, alcanzando 9,9 kilos al año, siendo  la cifra más alta de Latinoamérica dejando atrás a países como Brasil y Argentina que tienen 7,0 kg por persona, o Uruguay que genera 9,4 kg, por persona al año.

Por ese motivo, es que el reciclaje de este tipo de productos se vuelve fundamental, con el fin de reducir la cantidad de desechos de electrónicos que llegan hasta los vertederos.

Cabe mencionar que según un estudio del Ministerio del Medio Ambiente -fechado en 2011-  el 81%  de los residuos electrónicos tiene destino desconocido, mientras que el 19% restante o son enviados a rellenos sanitarios, junto a residuos domésticos o se disponen en vertederos.

En esta línea, la Fundación Chilenter concretó su quinta y sexta exportaciones del año, con los envíos más voluminosos hasta ahora, que suman un total de 25,07 toneladas de diferentes componentes computacionales, clasificados dentro de la lista verde residuos del convenio de Basilea.

Según datos entregados por la organización a Publimetro, en lo que va de este año -hasta el mes de noviembre-  se recolectaron 242 toneladas de residuos electrónicos a nivel nacional, unas 69 toneladas se exportaron, evitando de esta manera que 311 toneladas de este tipo de materiales llegara hasta los centros de disposición de basura.

El reciclaje de aparatos electrónicos considera además de la obtención de los metales preciosos que forman parte de procesadores, memorias RAM, impresoras, CPU’s, cables, circuitos impresos, lectores de DVD y CD, entre otros componentes, la disposición segura de los residuos peligrosos contenidos en estos aparatos.

Sobre el último embarque enviado al extranjero por Chilenter, 18,57 toneladas de diferentes componentes de medio grado de concentración de metales preciosos, como lectores de CD/DVD y discos duros fueron destinadas a Holanda, mientras que el segundo envío consistió en 6,5 toneladas de circuitos impresos, de alto y medio grado, los que se fueron a Japón.

Para la directora ejecutiva de la Fundación, Irina Reyes, el trabajo que realizan se basa en la convicción de que “podemos transformar los desechado en algo apreciado, por eso tomamos la decisión de evitar enviar residuos a rellenos de seguridad, donde a la larga igual son un peligro para el medio ambiente, además una pérdida de materias primas y energía”.

“Por eso optamos por enviarlos al extranjero para ser tratados por industrias más avanzadas en reciclaje. En nuestro país cada persona genera al año 9,9 kilos de basura electrónica y se espera que la cifra crezca, es por eso que hemos centrado todos nuestros esfuerzos para hacernos cargo del tema, contribuyendo cada día más a tener un Chile más limpio y sustentable”, concluye.