Sergio Jimenez es una víctima del superclásico. El hombre de 45 años es chofer de la locomoción colectiva. El año pasado una vez culminado el partido fue agredido y secuestrado por una multitud de barras bravas de Colo Colo. A la espera del partido conversó con Publimetro sobre esta agresión y advirtió los hechos a lo que se exponen los trabajadores de la locomoción colectiva el próximo domingo.

¿Cómo fue el ataque que recibiste durante el último superclásico en el estadio Monumental?

Iba conduciendo y antes de llegar al paradero 14 de Vicuña Mackenna me abordaron aproximadamente 70 delincuentes, porque eso son, no son hinchas. Se subieron a la máquina y me amenazaron con una cuchilla. Ahí me pegaron combos y patadas. Me quebraron los lentes y quitaron todas las cosas. Perdí todo. Plata, celular, reloj y documentos. 

Luego miré para atrás y vi como asaltaban a las 20 o 30 personas que venían arriba. Les quitaron todo, no les importaban niños, nada. Luego los bajaron del bus y se apoderaron de este.

Comenzaron a destruir el bus articulado en que andaba. Le sacaron todos los vidrios, porque ahora les dio por sacarlos completos, ya no los quiebran. Los empujan y sacan el ventanal completo, así ellos pueden sentarse y sacar el cuerpo. 

¿Cómo llegan a subir al bus?

Estaban escondidos en una esquina. Llego a un semáforo rojo y ahí aparecen todos corriendo por delante y atrás del bus. Comenzaron a subirse al techo y romper los vidrios. En ese momento yo opté por abrir todas las puertas ante las amenazas e insultos. Decían que me matarían. 

¿Qué ocurrió cuándo los pasajeros se bajan del bus?

Había un taco en Vicuña Mackenna. Así que estos tipos se bajaron y comenzaron a robar a todos los autos que estaban alrededor. Bajan 50 o 60, hacían de las suyas y volvían a subir. 

¿Y qué pasó contigo?

Me secuestraron, desviaron del recorrido y los tuve que ir dejar a sus casas. Esa es la costumbre que tienen. me raptaron a mi y a la máquina. Ellos te guían, te dicen dobla aquí, dobla acá. Me hicieron apagar las luces del bus, que encima iba todo destrozado.

¿Te decían algo durante todo este tiempo?

Sólo garabatos. Me amenazaban de muerte, que sólo debía manejar. Les pedía que no me intimidaran con la cuchilla, les pedía tranquilidad. Pero no entienden nada, son puros delincuentes. 

¿Nadie llamó ni apareció Carabineros pese a que esto ocurre en un sector muy concurrido?

Nunca llegó Carabineros en todo el camino, ninguna patrulla. Y eso que asaltaron a mucha gente y uno esperaría que más de alguno denuncie el hecho. En todo el camino nunca se me cruzaron policías. 

Encima después llego al terminal muy molesto, cómo no se dieron cuenta por GPS que me había desviado. Y uno de los jefes me dice que se habían percatado del hecho, pero asumió que no podría hacer nada. Así funciona la cosa: si te matan, te matan nomás. 

¿Recuerdas qué recorrido hiciste?

Me desviaron por todo el sector de Santa Rosa, San Francisco y Lo Blanco, hacia La Pintana. Se bajaban todos en el camino, los últimos lo hicieron en Lo Blanco. 

¿Te percataste si consumían drogas y alcohol?

Lo que hacía la mayoría era orinar hacia afuera con el bus en movimiento. Se lo hacían a las personas que estaban en los paraderos. Los asaltaban o los orinaban. No les importaban niños, niñas, nadie. 

¿Cuánto duró el secuestro?

Una hora y media. Y en todo el camino nadie me ayudó. 

¿Cuántas personas crees asaltaron en todo este tiempo?

Por lo menos 60. Me sorprendía como asaltaban a los vehículos que estaban adelante nuestro, todo el camino. Se metían como pulpo a los autos y les robaban todo. Pero es imposible hacer algo, son muchos y muy violentos. 

¿Siempre ocurren estas cosas en días de fútbol? 

Siempre pasa. La quebrazón de vidrios es el pan de cada día. Una vez en el paradero 41 de Gran Avenida un grupo rompió los vidrios y a una señora con su bebé en brazos le llegó una piedra en la frente. Ahí aprendí cuánto se sangra a través de la frente. La señora estaba llena de sangre y con su guagua en brazo. En ese momento bajé a todos los pasajeros y la llevé al Hospital Barros Luco. 

¿No pensaste en renunciar?

Hay que trabajar, de alguna manera tenemos que ganarnos la vida. Todos necesitamos trabajar. 

¿Cómo te afectó esta violencia?

Luego del secuestro no quedé en condiciones de conducir por un buen tiempo. Quedé bajo tratamiento psiquiátrico. Pero uno siempre queda con temor. Ahora viene el domingo y menos mal tengo libre. Así que me salvé.