La Dra. Ana María Cárdenas, científica del Instituto Milenio, Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso (CINV) está investigando causas de las miopatías, un conjunto de enfermedades neuromusculares que ocasionan degeneración del tejido muscular, afectando a aproximadamente seis mil chilenos, número que duplica al promedio de la incidencia mundial. La investigadora junto a su equipo, plantean la existencia de un problema en el metabolismo del músculo esquelético, como elemento vinculado al origen de esta patología.

“La enfermedad puede provocar una pérdida progresiva de la fuerza muscular, hasta llegar a la invalidez, impactando claramente en las actividades cotidianas de las personas que la padecen. Además, pertenecen al grupo de las enfermedades raras. Existen diversas formas de miopatías hereditarias, entre ellas las distrofias musculares y las miopatías congénitas. Sin embargo, en muchas de las miopatías existentes no hay un tratamiento curativo porque son producidas por proteínas que causan alteraciones en las fibras musculares y que son irreversibles”, explica la profesora titular de la Universidad de Valparaíso.

Comprender cómo se desarrolla ésta y otras patologías, es un elemento central para los investigadores del CINV, ya que sólo conociendo los mecanismos fisiopatológicos en profundidad es posible diseñar –a futuro- mejores herramientas terapéuticas o modular los elementos involucrados en el origen de las enfermedades.

Los estudios de la Dra. Cárdenas abarcan dos tipos de miopatías, las cuales son causadas por mutaciones en dos proteínas que juegan un rol importante en el músculo esquelético: la disferlina y la dinamina–2. Ambas tienen un rol en el remodelamiento de membranas, proceso fundamental para el funcionamiento de la fibra muscular. “En especial la disferlina, que es requerida para la reparación de la membrana plasmática. Esta membrana normalmente sufre microlesiones durante la realización de determinados ejercicios. Por ejemplo, cuando las personas realizan actividad física donde hay distensión de la fibra muscular, estas membranas se rompen de manera natural. Entonces, esta proteína se activa y soluciona el problema. Si hay una mutación genética, la disferlina se altera, el organismo la percibe como algo defectuoso y la elimina, provocando la pérdida progresiva de las células y el desgaste muscular. Esta anomalía es conocida como disferlinopatía y son una forma de distrofia muscular”, aclara la científica.

Por su parte, las mutaciones en dinamina-2 causan la miopatía centronuclear dominante, que se presenta variablemente de forma severa en la infancia, o de forma más moderada en la vida adulta. En el caso de las mutaciones por disferlina, la mayoría de ellas se manifiestan en la edad adulta.

Equipo de investigación

El proyecto en ejecución, que cuenta con el financiamiento de la Iniciativa Milenio, es el resultado de un trabajo de colaboración realizado anteriormente por la Dra. Cárdenas, el Dr. Pablo Caviedes, académico del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y el Dr. Jorge Bevilacqua, neurólogo del Hospital Clínico Universidad de Chile.

Los profesionales están desarrollando las etapas iniciales de la investigación. No obstante, anteriormente el Dr. Bevilacqua se dedicó a analizar los tipos de mutaciones de la disferlina y su asociación con el cuadro clínico, lo cual es la base del actual proyecto.

Las disferlinopatías constituyen un defecto hereditario recesivo, que comprende a un grupo de distrofias musculares degenerativas distales y de cintura. Los primeros síntomas comienzan a manifestarse alrededor de los veinte años, entre ellos destacan dificultad para caminar o subir escaleras ocasionada por la destrucción progresiva de los músculos de las pantorrillas, que no se regeneran como debieran tras el ejercicio. La enfermedad posteriormente comienza a avanzar, afectando los músculos de los muslos, la cintura pélvica, los brazos y finalmente las manos.

Doble incidencia en Chile

"El Dr. Bevilacqua y su equipo identificaron en Chile un grupo de pacientes con esta enfermedad, que no fue reconocida en el país hasta el año 2009. Lo particular es que, considerando nuestra población, los casos son casi el doble de la incidencia mundial, posiblemente debido a una mutación genética que llegó al territorio a través de alguna corriente migratoria previa y a partir de esa se diseminó en el país”, comenta la Dra. Ana María Cárdenas.

La ausencia de dinamina-2 o dinaminopatías puede provocar la miopatía centronuclear así como el síndrome de Charcot Marie Tooth, el cual se caracteriza por la pérdida de función de los nervios periféricos, que se manifiesta como pérdida de la sensibilidad y de la fuerza, deformidad gradual de los pies, atrofia de las piernas, y otros signos neurológicos.

Diagnóstico clínico temprano

Realizar un diagnóstico clínico es muy importante debido a que es común que las miopatías se confundan con otras enfermedades, como las neuropatías, en las que se ve afectado el nervio periférico en cualquiera de sus componentes básicos, la mielina o el axón. “Hay niños que nacen con miopatías que se manifiestan como hipotonía, es decir una disminución del tono muscular y una resistencia muy limitada al movimiento. Pero en ocasiones los padres creen que es un problema neuronal, por eso es necesario hacer un diagnóstico preciso y determinar si se trata de una distrofia muscular, de una neuropatía o un problema a nivel del Sistema Nervioso Central”. Finaliza la especialista

PB/MC