Desde el lunes 27 de junio de este año comenzó a regir la ley de Etiquetado de alimentos, la que establece que todos los productos alimenticios que excedan ciertas proporciones de calorías, grasas trans o azúcares deben llevar una etiqueta negra para avisarle a los consumidores sobre lo que se alimentarán. 

Además, la ley establece que en todos los establecimientos educacionales del país no se puede comercializar comida que sea considerada poco saludable por los quioscos ubicados en los colegios y liceos, pero esta prohibición ha generado que en este tiempo de un poco más de dos meses, sean los mismos estudiantes quienes vendan dulces a sus compañeros, generándose un mercado interno en cada colegio. 

Así lo cuenta Joaquín de un colegio municipal de Quilicura, quien comentó que decidió vender dulces para comprarse un celular y ha logrado ganar dinero a diario para sus gastos. 

“Me va bien vendiendo dulces, yo empecé porque me quería comprar un celular y era una buena idea para juntar plata… todavía no me pillan en el colegio, así que puedo seguir vendiendo y casi todos los días me hago como unos $7 mil al día”, señaló a Publimetro Joaquín. 

El mini-emprendimiento de este estudiante se replica en varios establecimientos educacionales del país, pero el tema es ¿cómo se fiscaliza la venta de dulces y otros alimentos que se escapan de la normativa?

El doctor Tito Pizarro, quien es el jefe de la división de políticas públicas saludables del Ministerio de Salud, señaló a Publimetro que si bien no han visto un boom de ventas de parte de los alumnos, se puede establecer una leve estimulación por la prohibición a los quioscos de los colegios, que hasta hace unos meses eran los que abastecían a los estudiantes. 

“No hemos visto un boom explosivo, porque es bastante habitual que los niños vayan a vender cosas al colegio, y por eso hacemos un llamado a los papás y a los mismos chicos a que no lleven alimentos que no son saludables, a lo mejor la comercialización de dulces se puede haber visto estimulada con la implementación de la ley”, señala Tito Pizarro. 

El encargado de la fiscalización agregó que no se puede ir controlando a estudiante por estudiante, por lo que se hace un llamado a los directivos de los colegios y a los padres para frenar esta situación. 

“Lo que se fiscaliza y controla son los lugares que tienen autorización sanitaria como los casinos de la Junaeb, casinos particulares o los quioscos de los colegios, no se anda haciendo un control uno a uno, porque la ley es clara donde dice que dentro de los establecimientos escolares no se venda ni haya publicidad de estos alimentos con etiquetas de “Alto en” (…) El desafío lo tiene el Ministerio de Educación a través de todos sus procesos educativos para lograr entornos más saludables en las escuelas”, añadió Pizarro. 

Este mismo vacío que deja que los alumnos vendan dulces, es lo que ha permitido que Constanza Garay, estudiante del colegio Excélsior de Santiago pueda comercializar los diferentes tipos de chocolates a sus compañeros de colegio, generando ganancias para su viaje de estudios. 

“Desde que empezó la ley vendemos mucho más, hacemos como $12 mil pesos al día. Al principio era escondidos, pero después nos dimos cuenta que no nos decían nada por eso lo hacemos de forma más abierta, pero con cuidado porque hay un reglamento en el colegio que dice que no se puede comercializar”, contó la joven. 

Según datos entregados por el Minsal, desde junio hasta la fecha se han fiscalizado 801 colegios a nivel nacional, donde en 263 de ellos se han levantado observaciones, donde en gran parte corresponden a expendio de alimentos “altos en” y 345 quedaron sin observaciones. 

Al preguntarle a Tito Pizarro sobre si se puede sancionar a los estudiantes que venden, dejó claro que es una atribución del Ministerio de Educación, pero en específico lo tiene que ver cada colegio. 

“Esa pregunta hay que hacérsela a educación, pero yo creo que esto sería un comercio ilegal porque no se puede vender por la calle, ni menos un niño… del punto de vista de salud es que pretendemos que los quioscos coman alimentos saludables. No es que haya un fiscalizador por escuela revisando los bolsos si traen o no alimentos en porque es muy complejo hacer”, finalizó Pizarro.