El dolor, es reconocido como una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el año 1982, entendiéndolo como una experiencia sensorial o emocional desagradable asociada a un daño real o potencial en un tejido. Hoy, es mundialmente  considerado como un problema de salud pública. Por esta razón, la misma OMS declaró el 17 de octubre como el “Día mundial contra el dolor”, como una manera de conscientizar a las autoridades respecto a este tema.

En Latinoamérica, más de 98 millones de personas sufren de dolor crónico todos los días. En nuestro país la cifra también es alta: más de 5 millones de personas. De este total, 1,2 millones lo sufren de manera severa, lo que trae consigo un deterioro en su estilo de vida y problemas en desempeño laboral. A pesar de esta consecuencia, hoy en Chile no existen programas de políticas públicas enfocados al tratamiento específico del dolor crónico.

El dolor crónico le supone un costo al Estado de Chile de más de $547 mil millones cada año, lo que equivale al 0,32% del total del PIB, considerando las consecuencias tanto sanitarias (discapacidad, costes médicos, tratamientos, diagnóstico), como no sanitarias (pérdida de productividad laboral). Estas cifras fueron investigadas en un estudio de coste y carga de la enfermedad, desarrollado por la Asociación Chilena para el Estudio del Dolor (ACHED) y la Universidad Católica. En el último Congreso Mundial de Dolor realizado en Japón se presentó este estudio, donde se llegó a la conclusión de que el dolor crónico musculo-esquelético es la primera causa de discapacidad en Chile.

Las patologías que más costo y carga suponen son el lumbago, el cual le  significa al Estado un costo de 174 mil millones (MM) y la osteoartritis de rodilla (148 MM), principalmente, junto con otras enfermedades como osteoartritis de cadera (46 MM), fibromialgia (31 MM), síndrome de hombro doloroso (121 MM) y dolor miofascial (25 MM).  El mayor impacto de estas enfermedades se da en personas en edades de productividad laboral, entre los 30 y 60 años.

Este tipo de enfermedades son la segunda causa de licencias médicas en el país, y se refleja en que las personas que sufren de dolor tienen 20% más de días laborales inactivos en comparación con la población en general.

“El dolor invalida mucho al paciente, le cambia la calidad de vida notoriamente ya que se despierta y se acuesta con dolor, es un paciente que sufre otras alteraciones emocionales como la depresión y alteraciones del sueño. Provoca transformaciones graves en las relaciones interpersonales debido a que es un problema que no cede”, aseguró el doctor Norberto Bilbeny, perteneciente a la ACHED.

Según el doctor Bilbeny, esta enfermedad trae consigo problemas emocionales y laborales, “Hay consecuencias que vienen de la mano al dolor, como la discapacidad y la depresión. Según los últimos estudios al respecto, el rango etario donde más se concentra este problema es en personas en plena etapa laboral (entre los 30 y 60 años)”. 

Es importante señalar que las mujeres trabajadoras tienen un 44% de prevalencia del dolor frente al 34% que registran los hombres.